Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Ágora
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Ataque a la reputación del tren en España

Rodalies ha perdido la confianza de los ciudadanos y los usuarios buscan alternativas porque no confían en que el tren llegue a tiempo o funcione correctamente

Accidente de tren en Adamuz, Córdoba, en directo | La muerte de una mujer en la UCI eleva a 46 el número de víctimas

Rodalies sigue sin recuperar la normalidad: 10 tramos se cubrirán aún en bus y habrá velocidad limitada en 180 puntos

Usuarios de Rodalies en un tren de la R1 en Mataró

Usuarios de Rodalies en un tren de la R1 en Mataró / JORDI PUJOLAR / ACN

En el reciente funeral celebrado en Huelva por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, una de las víctimas aseguró en relación con las causas del siniestro que “es mejor saber que imaginar” y esa debe ser la principal tarea de la administración y de los investigadores del accidente, ¡que sepamos! Es imprescindible conocer cuánto antes que ocurrió y qué se va a hacer para solucionarlo y para que no vuelva a ocurrir.

Mientras tanto, las voces que se han alzado contra la seguridad de los trenes han sido innumerables y aseguran que la reputación de la alta velocidad en España está dañada. Sin embargo, no existe ningún estudio, investigación ni base sólida para afirmar que eso sea así. El daño en la imagen es evidente, pero está por ver si acabará siendo una crisis reputacional.

La gran confrontación y polarización entre la ciudadanía, alentada por los partidos políticos, y la radicalización de las posturas ideológicas recogida en los medios y en las redes sociales, ha hecho que el accidente de Adamuz animara la llama de la confrontación. Lo primero que se ha hecho al respecto ha sido mezclar la alta velocidad con los servicios de cercanías, principalmente de Rodalies en Catalunya, metiendo todo en un mismo saco cuando no es así.

En relación con los servicios de cercanías, el problema es evidente y real, tal como lo ha reconocido el propio ministro español de Transportes, Óscar Puente, quien afirmó que “Rodalies es un servicio pésimo. La red está muy mal”. La propia administración es, por tanto, consciente de sus deficiencias y se reconoce que “se está invirtiendo, pero no lo suficiente para revertir la situación de inmediato”. El ministro subrayó, además, que se trata de “una red antigua y sobrecargada” y ha atribuido buena parte de la responsabilidad a “la falta de inversión histórica”, incluyendo referencias directas a gobiernos anteriores.

La reputación de Rodalies en particular y de cercanías en general sí está afectada, porque las deficiencias las reconocen sus responsables y porque existen diversas investigaciones que así lo corroboran. La encuesta Òmnibus del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), un estudio periódico y cuantitativo de la Generalitat de Catalunya, recoge la opinión pública sobre la gestión de su Gobierno y temas de actualidad. En dicha investigación se pone de manifiesto que uno de cada dos catalanes suspendió el pasado verano el servicio de Rodalies y de media distancia, con una nota de 4,4 sobre 10 en satisfacción. Tres de cada diez pusieron una nota de entre un cero y un dos. Por comparación, otros servicios ferroviarios consiguieron el aprobado.

El tema no es nuevo, un año antes, en 2024, los catalanes ya dieron al servicio de Rodalies una nota media de 4,5 sobre 10, lo que significa un suspenso generalizado y peor que en años anteriores (2022-23). Añadir que, en 2025, las quejas de usuarios sobre Rodalies ante el Síndic de Greuges (defensor del pueblo catalán) se duplicaron respecto a 2024, con múltiples reclamaciones por retrasos, falta de información, e incluso “maltrato”. Es por tanto llamativo que, tras años de percepciones dramáticas, sigamos sin actuaciones contundentes. Podemos, por tanto, afirmar que Rodalies ha perdido la confianza de los ciudadanos y que los usuarios buscan alternativas porque no confían en que el tren llegue a tiempo o funcione correctamente, incluso cuando el servicio se recupera gradualmente.

En este contexto, que viene de atrás, la alta velocidad española acaba de sufrir uno de los peores accidentes de su historia en Ademuz, con 46 fallecidos y la coincidencia con otro accidente de Rodalies en Gelida (Barcelona), que provoca otro muerto, así como otros incidentes con trenes de largo recorrido en Murcia y en Asturias, respectivamente, que hacen estallar las acusaciones cruzadas y en modo “ventilador”.

Políticos de diversos partidos en la oposición han hablado estas dos últimas semanas del “gran daño reputacional que ha sufrido el ferrocarril español por una mala gestión pública”, “el peor momento para el tren desde la llegada de la democracia en España”. Lo achacan a la “falta de mantenimiento y percepción negativa de la gestión ferroviaria”.

Reportajes especializados en medios españoles mencionan que la semana de accidentes ha “puesto en jaque la reputación de todo un sector". Se habla directamente de un deterioro de imagen pública. Medios extranjeros, por su parte, hablan de que los estándares del sistema ferroviario “han colapsado y de que los pasajeros son tratados como ganado”, en una clara mezcla, intencionada o no, de diversas cosas que ocurren a la vez pero que son diferentes.

La reputación de la alta velocidad española no puede ponerse en entredicho pese a la gravedad del accidente ocurrido hace dos semanas. Para ello deberá saberse toda la verdad, asumirse responsabilidades -la reputación de políticos y gestores está en el punto de mira- y que se aporten soluciones creíbles. Lo que hasta ayer eran grandes planes para una alta velocidad española que conecta al 70% de la población, con más de 4.000 km de vías, el impulso de planes para elevar la velocidad de los trenes hasta 350 km/h, y el anuncio de la compra de nuevos trenes, se ha disuelto como un azucarillo en solo unos días.

A día de hoy, la mayoría seguimos imaginando lo que ha pasado pero no lo sabemos, tal como aseguró la víctima de Ademuz en el reciente funeral por las víctimas. Ese es el peor de los escenarios posibles para volver a confiar en la alta velocidad, pese a que el ministro del ramo nos diga que “la alta velocidad no está abandonada y ha recibido inversiones y mantenimiento, en respuesta a las críticas vertidas en el debate público y político”.

No hay demasiada claridad ni certidumbre, pero los trenes van hoy más lentos, la red se está revisando, las quejas reconocidas de los maquinistas sobre diversas incidencias se están teniendo en cuenta. Todo debería haberse hecho antes, pero lo cierto es que se está haciendo. Los expertos dicen que la confianza en el tren se recupera entre un mes y dos meses después de un accidente grave pero lo que ha ocurrido no es solo un accidente, es una suma de circunstancias graves en el tiempo y sobre las que falta información y decisiones al respecto.

En función de cómo se actúe así se verá afectada o no la reputación del sector. Según el panel de hogares de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) del pasado verano, una gran encuesta oficial y permanente que sirve para conocer qué opinan y cómo se comportan los hogares en España respecto a diversos servicios básicos, el 65% de los usuarios de la alta velocidad están satisfechos, aunque cercanías siempre ha concentrado más problemas en relación a la satisfacción global, puntualidad, fiabilidad, confianza, seguridad…

Lo que es seguro es que el accidente de Adamuz y el foco sobre el mantenimiento/inspecciones han reactivado un debate nacional sobre seguridad, mantenimiento y seguimiento de recomendaciones. Se ha publicado, por ejemplo, que la CIAF ya alertó en 2019 de problemas/riesgos en la línea Madrid–Sevilla y que el debate incluye si las revisiones ya detectaban (o no) fallos críticos.

Tras este análisis pormenorizado, hay que incidir en que la reputación del ferrocarril no es uniforme: la alta velocidad mantiene niveles altos de satisfacción, pero Cercanías (que concentra la mayoría de los usuarios) arrastra los peores indicadores de puntualidad, insatisfacción y reclamaciones, y además muestra deterioro reciente en la percepción, según CNMC. Lo que está pasando en Rodalies desde hace años es una vergüenza para un país avanzado, achacable a una pésima gestión de los recursos y las necesidades y donde el usuario es el gran sacrificado y danmificado.

En cuanto a la percepción de la alta velocidad está por ver cómo evoluciona. Los problemas operativos (retrasos) y la controversia sobre inversión/ejecución presupuestaria alimentan la narrativa de degradación, mientras que los accidentes recientes elevan el componente ‘confianza’ del juicio reputacional.


Director de Villafañe y director de reputación y analítica en Roman