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Opinión | MAPAMUNDI

Madrid

¡Tonto el último!

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El presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acompañados por el primer ministro de India, Narendra Modi (centro).

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acompañados por el primer ministro de India, Narendra Modi (centro). / DATI BENDO / EUROPEAN COMMISSION

Cuando en el patio del colegio alguien gritaba “¡tonto el último!”, uno sabía que, o corría para conseguir lo que estuviera en disputa, o lo perdería y además su honor quedaría en entredicho delante de sus compañeros. 

Ahora mismo, los líderes mundiales están en una carrera similar por conseguir autonomía comercial y militar. La voz la ha dado Donald Trump: se acabó el orden internacional tal y como lo conocíamos. Ya no se puede confiar en Estados Unidos como impulsor y garante del libre comercio global. Tampoco en que la hiperpotencia ayude (siquiera respete) a sus aliados. El mantra es ser fuerte, en lo económico y en lo militar. Diversificar las fuentes de suministros y los socios comerciales, por lo que pueda pasar. Tonto el último.

Keir Starmer (Reino Unido) está ahora mismo en China firmando acuerdos sobre el Whiskey, visados e inmigración. Por el gigante asiático han pasado en los últimos meses Emmanuel Macron (durante su visita de Estado se dio un baño de masas, chocando manos entre un grupo de fans); Pedro Sánchez y el rey Felipe VI; y Mark Carney (el canadiense de moda) que además se llevó bajo el brazo acuerdos comerciales y la mejora de las relaciones bilaterales con Pekín, tras años de rencillas. 

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha recorrido el globo en busca de nuevas alianzas. Que permitan garantizar los suministros de materias primas, como el Litio chileno. O ampliar los mercados para los productos europeos. Aquí destaca el acuerdo comercial cerrado esta semana con India: la “madre de todos los acuerdos”, con un mercado potencial de 1.400 millones de personas. O el firmado hace unas semanas con Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, socios de Mercosur, tras un cuarto de siglo intentándolo. “Tenemos la red de acuerdos comerciales más amplia y de más rápido crecimiento del mundo”, ha dicho la Comisión de Von der Leyen. “La UE a veces es muy lenta. Sin duda. Necesita ser reformada. Sin duda. Pero es predecible y tiene Estado de derecho”, destacó Macron ante el poder económico y financiero en Davos. 

Donald Trump también ha acelerado la militarización de Europa. Francia aporta ya “dos tercios” de la inteligencia exterior que recibe Ucrania de socios, “sustituyendo” en buena medida a Estados Unidos, que está de retirada, según dijo Macron este 15 de enero. Bruselas acaba de presentar esta misma semana un sistema de comunicación por satélite de máxima seguridad e independiente de Estados Unidos.  

Al mismo tiempo, se ha impulsado la unión dentro de los 27. Seis países de la Unión Europea contemplan la posibilidad de crear un grupo de avanzadilla dentro de la UE que acelere en la integración, al que luego podrían ir uniéndose el resto de países miembros a voluntad. Alemania ha invitado a España, Francia, Polonia y Países Bajos a una reunión para estudiar cómo pueden implementar juntos una zona común de mercados de capitales, fortalecer el euro, coordinar las inversiones en defensa y seguridad y asegurar el acceso a materias primas clave. Es la Europa a dos velocidades que reclamaba el "informe Draghi".

Mientas, los damnificados de Trump se echan en brazos del Viejo Continente. Canadá y Reino Unido han firmado sendos acuerdos de defensa con la UE. El primero se ha unido al programa de compra conjunta de capacidades militares europeo SAFE. Esto es especialmente relevante porque ambos países anglosajones son socios de los Cinco Ojos, un acuerdo de intercambio de información e inteligencia con Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. 

El presidente estadounidense también ha quitado de sopetón ciertos remilgos que tenían algunas capitales europeas, por ejemplo el relativo a la emisión de deuda conjunta. Si durante la crisis financiera Berlín prefirió empujar a España y Grecia al borde del abismo antes que mutualizar la deuda, ahora los 27 han sido raudos en emitir eurobonos para prestar hasta 90.000 millones de euros a Ucrania.

A nivel discursivo, se empieza a escuchar una música común en el relato de los líderes europeos: hablan de no ser “vasallos” ni “esclavos” de Estados Unidos, de asumir la “ruptura” con Washington, de unirse con otras regiones antes ignoradas para fortalecerse.

No hay nada que una más que un enemigo común, y Europa tiene dos: Rusia, que llevó a cabo en 2022 la primera gran invasión de suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial; y la nueva Administración Trump, que amenaza con quitarle Groenlandia a Dinamarca y con impulsar a los partidos eurófobos, haciendo así añicos los lazos históricos transatlánticos. 

Dijo uno de los padres fundadores de la UE, Jean Monnet: “Europa se construirá a través de las crisis y será el resultado de las soluciones que se adopten para esas crisis”. Europa se ha puesto en marcha de nuevo. ¡A correr!

@mariosaavedra  

msaavedra@elperiodico.com

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