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Opinión | Editorial
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Las lecciones de Rodalies

Han quedado a la vista grietas más tangibles que los cortes y retrasos. Harán falta soluciones a corto y a largo plazo

La vuelta a la normalidad de Rodalies el lunes, pendiente de la revisión de 155 puntos

Los taludes que han causado incidencias en Rodalies nunca habían sido sometidos a obras de prevención

GRAFCAT7287. BLANES (GIRONA), 27/01/2026.- Vista de un vehículo de mantenimiento de vias en las inmediaciones de la estación de Maçanet-Massanes en la línea R1 de Rodalies este martes cuando el Govern ha anunciado martes que el servicio de Rodalies volverá a operar con normalidad a partir del próximo lunes. EFE/Enric Fontcuberta

GRAFCAT7287. BLANES (GIRONA), 27/01/2026.- Vista de un vehículo de mantenimiento de vias en las inmediaciones de la estación de Maçanet-Massanes en la línea R1 de Rodalies este martes cuando el Govern ha anunciado martes que el servicio de Rodalies volverá a operar con normalidad a partir del próximo lunes. EFE/Enric Fontcuberta / Enric Fontcuberta / EFE

En los últimos diez días, desde el dramático accidente de Gelida que causó la muerte de un maquinista, Catalunya ha vivido un auténtico caos ferroviario. Más allá de la distribución salomónica de responsabilidades individuales, en forma de destituciones del director de Rodalies de Renfe y del responsable de explotación de Adif, las lecciones de esta cadena de episodios lamentables que ha alterado la vida de decenas de miles de catalanes y que aún está en vías de solución deben sustanciarse en respuestas efectivas. Estamos hablando de un servicio público de importancia capital para el bienestar de los ciudadanos y para el desarrollo de la economía, y no tendría que repetirse un caso similar. Estos días hemos asistido a la paralización de la red ferroviaria, a declaraciones contradictorias de los responsables, a falta de información (o una información insuficiente y desconcertante) y, entre otras cosas, a la constatación de evidentes deficiencias en la infraestructura, con detalles hasta ahora desconocidos por los usuarios. Todo ello ha derivado no solamente en una crispación general sino en una creciente sensación de inseguridad.

En estos días, pues, hemos vivido una crisis importante de confianza en el Govern (hasta que este y los partidos que le dan apoyo han elevado sus exigencias a la administración central), una queja continuada y legítima por la falta de inversión estatal en una red imprescindible para el país y la percepción de que el ciudadano se siente impotente no solo ante los continuos retrasos, incidencias, cortes o demoras, por desgracia habituales, sino ante la evidencia, dolorosa, de que el sistema ferroviario, en su conjunto no está a la altura de una sociedad como la nuestra. Baste el ejemplo de la inversión realmente llevada a cabo por Adif y Renfe entre 2010 y 2023. La mitad de los 11.285 millones de euros presupuestados no han sido ejecutados, con incumplimientos que han oscilado según los años y según el partido en el poder, pero que muestran una fotografía de desatención a Catalunya. Pero no solo a ella: el olvido del mantenimiento frente a la nueva inversión y la priorización desproporcionada de la alta velocidad frente a los servicios de proximidad son un talón de Aquiles que afecta a toda la red ferroviaria española.

Justo en mitad de la crisis, la Generalitat y el Ministerio de Transportes presentaron el nuevo plan de Rodalies para el quinquenio 2026-2030, una actualización del programa del que aún quedaban 2.800 millones por disponer y que, con la suma de 1.600 millones más, tendrá que llegar a la cifra de 8.000 invertidos en una década. Es este proyecto el que ha de aportar soluciones (que por lo tanto no serán inmediatas), con más trenes (dos nuevos cada mes desde febrero), más información en tiempo real, talleres de reparación y mantenimiento y una planificación que evite el mayor número de incidencias posible. Pero hay reformas inexcusables en los puntos más críticos de la red que no pueden esperar a una planificación quinquenal.

Un vez tapadas las grietas más visibles, y a tiempo antes de que haya otra desgracia, el problema de la circulación ferroviaria no se solucionará de un día para otro. Hemos de ser conscientes de ello y, al mismo tiempo, estar atentos a una ejecución responsable y completa de lo prometido. Priorizar la seguridad y poner sobre las vías las soluciones que aseguren una estructura fiable para el futuro.