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Opinión | Conocidos y saludados
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Alberto Garzón: frente a los desafíos

El exministro plantea en su libro el debate imprescindible de cómo desengancharnos de las energías fósiles sin perder las conquistas del bienestar material conseguidas

Archivo - Alberto Garzón

Archivo - Alberto Garzón / EUROPA PRESS - Archivo

Las progresivas reacciones producidas en el mundo inducen a pensar que Donald Trump era necesario. Como revulsivo, no como el apaciguador que ya sabíamos que no era por mucho que así se autodefina.

Su impetuosa figura y enervante personalidad se están convirtiendo en el reactivo imprescindible para despertar conciencias, agitarlas y sacar de su zona de confort a la comunidad internacional. A estas alturas ya solo le defienden quienes se enriquecen con él y actúan o esperan hacerlo como él.

Los últimos movimientos conocidos avalan una esperanza oficialmente escenificada en Davos por Mark Carney, primer ministro canadiense, y seguida en varios frentes por la superación de recelos ideológicos, el desbloqueo de negociaciones atascadas, la revisión de protocolos consolidados y la reconsideración de posiciones indiscutibles ayer mismo.

La Unión Europea firma grandes pactos con nuevos y potentes mercados que, más allá de los prejuicios, derriban fronteras y reducen distancias. India o América Latina son ejemplos que irritan sobremanera al esposo de la recién documentalizada Melania. En paralelo, 7 jefes de Estado de distintos signos políticos de otros tantos países del sur del Rio Grande reconocen en Panamá que ninguno de ellos puede resolver sus problemas en solitario. Afinan alianzas y desafían al coloso del norte donde más le duele. La economía.

A nivel interno, los desmanes de su presidente empiezan a pasar factura a los Estados Unidos. Las muertes indiscriminadas en Minnesota y los abusos injustificados de la policía migratoria multiplican protestas incluso de republicanos. Los demócratas por fin se rebelan, el dólar cotiza a la baja, la inflación se mantiene, la ostentación de poder irrita y los múltiples frentes internacionales abiertos parecen incapaces de cerrarse.

Este escenario puede analizarse desde varios puntos de vista. El más simple, que no menos importante, es el psicológico, que recuerda que el factor humano determina los grandes fenómenos y las peores decisiones.

Otros aspectos más complejos miran a la geopolítica y observan sus movimientos en el tablero de juego en el que se ha convertido el planeta y más allá. En medio quedan las ideologías y el regreso de la historia con sus páginas más turbadoras, esperando que no se repitan ni traigan mayores tragedias

Queda el escenario de la transición permanente que frene la potencial barbarie. A esta teoría se apunta Alberto Carlos Garzón Espinosa (Logroño, 9 de octubre de 1985).

El exministro lo analiza en su nuevo libro: 'La guerra por la energía. Poder, imperios y crisis ecológica' (Ed. Península), Desde sus páginas, plantea el debate imprescindible de cómo desengancharnos de las energías fósiles sin perder las conquistas del bienestar material conseguidas.

Apartado voluntariamente hace dos años de la vida institucional, Garzón, exlíder de Izquierda Unida y militante comunista desde su juventud, sigue defendiendo la política como pedagogía sin doblegarse a los intereses creados. Su saludable recomendación de consumir menos carne y la réplica de Pedro Sánchez advirtiendo que, para él, “un buen chuletón al punto es imbatible” le llevaron a entender que, como el futbolista que quiso ser, no podía volver a quedar fuera de juego. Y antes que el banquillo prefirió su casa.

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