Rodalies: pedir perdón, aportar hechos y recuperar la confianza
Hacer que el tren funcione significa mantener, probar, corregir, explicar. Significa asumir que cada incidencia es una factura del pasado y, al mismo tiempo, una oportunidad para aprender más deprisa

Pasajeros a la espera del funcionamiento de los trenes en la estación de Rodalies de Mataro. / Zowy Voeten / EPC
Rodalies es uno de esos cimientos que solo se hacen visibles cuando se tambalean. Y si hoy hablamos de ello, lo primero que corresponde es pedir disculpas a quien hace cola en el andén, a quien llega tarde al trabajo o a clase, a quien ha tenido que improvisar un plan B con la angustia en los ojos. Porque antes que una competencia o un titular, Rodalies es tiempo de vida: el derecho modesto —pero inmenso— de llegar.
Venimos de un valle de inversiones que explica demasiadas cosas. Tres cifras lo dibujan con una claridad incómoda: en 2011 se ejecutaron 986 millones de euros de inversión ferroviaria en Catalunya; en 2014, en el punto más bajo, solo 180 millones; en 2024, ya en fase de recuperación, 754 millones. Entre 2012 y 2018 se dejó envejecer la red, se aplazó el mantenimiento preventivo y se perdieron años que ahora pagamos en forma de incidencias. No es una excusa: es el diagnóstico que permite decidir bien.
Decidir bien, ahora, significa ordenar las soluciones con tres ideas claras: vías, trenes y gestión.
Vías. La red tiene 1.119,61 km y 200 estaciones, y el 46,2% del trazado discurre en vía única: el cuello de botella perfecto para que una incidencia se convierta en un dominó. Por eso el Plan de Rodalies 2020–2030 (6.345,92 M€) pone el acento en reposición de activos, capacidad e integración urbana, estaciones y accesibilidad, y sistemas de señalización, con el objetivo de implantar ERTMS en el 100% de la red central. El balance es importante porque son hechos: entre 2020 y noviembre de 2025 se han licitado 3.031 M€, se han adjudicado 4.152 M€ y se han ejecutado 2.506 M€ (importes acumulados con IVA). Y el refuerzo 2026–2030 incorpora 1.800 M€ adicionales y eleva el horizonte 2020–2030 hasta los 8.000 M€, un 26% más.
Trenes. No hay servicio fiable con material móvil envejecido. La fotografía es clara: un 16,2% de los trenes tiene 25 años o más y la antigüedad media es de 20,2. Por eso el plan prevé 101 nuevas unidades eléctricas y la incorporación progresiva de los 110 nuevos trenes adquiridos en 2021. El objetivo es tan prosaico como ambicioso: menos cancelaciones, más capacidad, más confort; y que el sistema pueda crecer de los 410.000 usuarios actuales hacia los 600.000.
Gestión. Inversión sin gobernanza deja al país a medio camino; traspaso sin recursos sería una palabra vacía. La decisión de crear Rodalies de Catalunya SME SA —participada en un 50,1% por Renfe Viajeros y un 49,9% por la Generalitat, con un capital fundacional de dos millones de euros— apunta a una arquitectura más cercana y exigible. Acercar decisiones y gestión a Catalunya no es un símbolo: es capacidad de afinar horarios, priorizar actuaciones y responder mejor cuando hay una incidencia.
Porque hay una paradoja inevitable: arreglar una red en funcionamiento es como rehabilitar una casa sin echar fuera a sus habitantes. Las obras interfieren —cortes, limitaciones, cambios de andén—, pero la interferencia no puede convertirse en desprecio. Si pedimos paciencia, debemos ofrecer previsibilidad: información que llegue a tiempo, canales que no fallen y una gestión de incidencias que no improvise. La confianza, al fin y al cabo, reside en una verdad pequeña y obstinada: no se predica; se construye, día a día, con pequeñas certezas que llegan a la hora.
La exigencia política debe ir después de detener la crisis, no antes. La consellera Paneque, que lleva aproximadamente un año y medio en el cargo, responde de lo que es suyo: una herencia pesada y, sobre todo, las decisiones para reconducirla. También aquí la ciudadanía es muy práctica: menos ruido, más soluciones; menos tuits, más presupuestos.
Esta es la parte menos espectacular del relato: la política como oficio de perseverancia. Hacer que el tren funcione significa mantener, probar, corregir, explicar. Significa asumir que cada incidencia es una factura del pasado y, al mismo tiempo, una oportunidad para aprender más deprisa. Hoy y mañana.
Al final, Rodalies dejará de ser una palabra de resignación cuando vuelva a ser un hábito de confianza. Cuando “llegar” vuelva a parecer poca cosa habremos alcanzado el objetivo.
Jordi Riba es portavoz adjunto del PSC en el Parlament
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