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Opinión | Editorial
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Europa se acerca a la India

Los acuerdos comerciales que está tejiendo Europa son un pilar de su autonomía estratégica en el mundo

La UE y la India cierran uno de los mayores acuerdos comerciales del mundo en Nueva Delhi

António Costa, Narendra Modi y Ursula von der Leyen, este martes en Nueva Delhi, tras firmar el acuerdo de libre comercio entre la UE y la India.

António Costa, Narendra Modi y Ursula von der Leyen, este martes en Nueva Delhi, tras firmar el acuerdo de libre comercio entre la UE y la India. / RAJAT GUPTA / EFE

El tratado comercial suscrito por la Unión Europea y la India, definido por Ursula Von der Leyen como «la madre de todos los acuerdos», crea el área de intercambio económico más grande del mundo, mayor que la concretada hace unas fechas por los europeos y Mercosur, establece periodos realistas para un total desarme arancelario en la mayoría de sectores aunque evita la invasión de productos agrarios indios en los mercados de los Veintisiete. Después de casi 20 años de negociaciones no siempre fáciles, ambas partes han hecho de la necesidad virtud a la vista del castigo arancelario impuesto por Donald Trump a ambas economías, necesitadas de dar con alternativas a los intercambios con Estados Unidos y de procurar seguridad a largo plazo a los exportadores ante las reacciones imprevisibles de la Casa Blanca. Un dato, entre otros muchos, que Trump ha despreciado y del que indios y europeos pueden sacar partido.

La India ahora accede a eliminar el 96,6% de los impuestos aduaneros a las exportaciones europeas: el primer ministro Narendra Modi ha debido rebajar el tono de sus proclamas nacionalistas, pero ha logrado a cambio garantizar el crecimiento de los intercambios y contrarrestar el sobrecoste del proteccionismo de Trump. Algo fundamental para un país de 1.450 millones de habitantes, el más poblado ya del planeta, que, como en el caso de China, precisa alcanzar tasas anuales de crecimiento del PIB por encima del 5% para garantizar que su prosperidad deje cada vez a una menor parte de su población al margen de ella.

Es evidente que la política económica de Trump favorece un cambio general de estrategias que, paradójicamente, puede propiciar situaciones impensables hasta fecha reciente, incluida alguna forma de acercamiento de India a China simultánea a un incremento de los intercambios de Europa con China, hasta la fecha tan asimétricos, recelosos los europeos de la penetración sin freno de la nueva ruta de la seda. Hay, por lo demás, una necesidad objetiva de los dos gigantes asiáticos de establecer un sistema renovado de alianzas económicas antes de que Donald Trump cierre con Vladimir Putin el tantas veces anunciado acuerdo para la explotación conjunta de tierras de raras como resultado colateral, se supone, de un desenlace negociado de la guerra de Ucrania.

El acuerdo entraña para España la posibilidad de corregir el desequilibrio de los intercambios con India -actualmente 6.000 millones en importaciones y solo 2.000 millones en exportaciones-, ahorrar 4.000 millones anuales en tasas aduaneras y regular la competencia en precio de los productos agrícolas procedentes de Asia. Por el contrario, la eliminación de aranceles en las exportaciones de productos como el vino y el aceite estimulará la salida al exterior en condiciones favorables. Porque la India es un mercado emergente, que experimenta un aumento constante de clases medias acomodadas, con un creciente poder adquisitivo del que España puede beneficiarse. Pero, más allá de la estricta contabilidad de mercado exterior, acuerdos como los que ha ido cerrando la UE con diversos socios internacional demuestra que Europa empieza a dar pasos reales, pese a las ideas preconcebidas sobre su parálisis y división, para construir la autonomía estratégica que le permita ser una potencia internacional, y no un peón sujeto a caprichos, dictados y presiones.