¡Y Catalunya colapsó!
Ha llegado el momento de repensar toda Catalunya en serio. No con agitación convulsa, que solo sirve para la pancarta y salir a la calle a perder el tiempo
El plan de Rodalies contará con 1.600 millones más y el compromiso de ejecutar otros 2.800 ya presupuestados

El accidente de tren de Rodalies a la altura de Gelida, en el que un muro se desprendió e impacto contra el tren. / Jordi Otix
Se ha puesto de moda el término “colapsar”. Los edificios colapsan, las montañas colapsan, una estructura colapsa y ahora han colapsado los medios de transporte en Catalunya. Que sea el transporte el que haya entrado en una deriva de difícil solución inmediata es preocupante y descorazonador. No conozco una estructura organizativa en las tareas cotidianas del ciudadano más profundamente vinculada con el día a día, además de tener luz, agua y en los últimos años una red de conexión tecnológica. Necesitamos el transporte para ir a trabajar, para visitar a un médico o para ir a la universidad. Trabajo, salud y educación, seguramente las tres piezas mínimas para que un ciudadano se sienta seguro y cómodo. De ahí el colapso en el que ha entrado la sociedad donde todo parece deshacerse.
La pregunta es cómo salir de esta. Imagino al president Salvador Illa subiéndose por las cortinas de su habitación hospitalaria al no poder seguir desde su despacho una crisis tan profunda para su Govern. Se enfrenta ante una situación límite en una escenografía política única. Si hoy estuviera en la Generalitat una partido nacionalista o independentista esto sería insufrible, y nadie les podría decir que no tendrían bastante razón. Pero la fotografía es diferente. No solo lideran los socialistas, sino que estos son primos hermanos del Gobierno que tiene la responsabilidad de dirigir el Ministerio de Transportes y, por lo tanto, las empresas públicas de Renfe y Adif.
Con el nacionalismo, la fórmula era fácil: una queja de que España roba de forma sistemática y el trabajo está hecho. Con un gobierno del PSC liderando, la cuestión es más delicada. La cercanía y complicidad con ministros, secretarios de Estado y presidentes de compañías públicas provoca que la necesidad de soluciones deban ser inminentes o, al menos, evidentes.
Lo sencillo es pedir dimisiones. Sería lo normal ante el colapso de Rodalies y también de carreteras. Los ceses no acostumbran a solucionar nada, pero comunicativamente funcionan. Por ello, ¿será capaz la Generalitat de pedir la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente? No es tan fácil, aunque existan presiones de pasillo.
Ante este tipo de crisis siempre deben existir dos velocidades: las inmediatas y las de “a fuego lento”. El diagnóstico ya está hecho. Las inmediatas siempre serán parches. Las otras no. Este diario ha adelantado el plan en el que está trabajando el Govern que suponen 1.600 millones más en Rodalies y el compromiso de ejecutar otros 2.800 millones, que significarían un total de 8.000 millones hasta 2030. Y es que ha llegado el momento de repensar toda Catalunya en serio. No con agitación convulsa, que solo sirve para la pancarta y salir a la calle a perder el tiempo. Todo lo contrario. Con acuerdos amplios y presupuesto. Acuerdos que pasan por los ayuntamientos, para que no pongan trabas y ralenticen algunas decisiones que deben tomarse en los municipios. Del colapso se saldrá con ayuda de todos, ¡pero eso resulta tan difícil en los tiempos que corren! Y es que la generosidad también ha colapsado.
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