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Opinión | Rodalies
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Caducidad anunciada

O hay un cambio efectivo de timón y se dedica un presupuesto real dimensionado a las necesidades o se desmoronarán mucho más que árboles y taludes

El Govern promete que el lunes Rodalies funcionará "con normalidad" y admite que falla en la información a los usuarios

Un fallo del software del centro de control de Adif, origen del parón de Rodalies del lunes 26 de enero

Un fallo del software del centro de control de Adif, origen del parón de Rodalies del lunes 26 de enero. Lo explica el presidente del ente gestor ferroviario ADIF, Luis Pedro Marco. / JORDI OTIX / VÍDEO: EFE

Desde que un tren de la línea R4 chocó contra un talud desplomado en Gelida causando la muerte de un maquinista y 37 heridos, los desastres en Rodalies no han dejado de sucederse. El caos de una falta endémica de inversión ha degenerado en un delirio inconcebible. La irresponsabilidad y la mentira campan a sus anchas. Viajar en tren se ha convertido en un juego macabro que amenaza mucho más que a unas infraestructuras. Se han perdido las razones.

El Govern de Salvador Illa lleva una semana frenética de reuniones, comparecencias, recomendaciones y parches que solo delatan su incapacidad. Ellos saben que el colapso de Rodalies pone en jaque al país y que el teletrabajo es una quimera para la dependienta, el operario, la enfermera o el carnicero. Incluso su esfuerzo innegable por comunicar ha quedado cuestionado por la inaudita desobediencia de Renfe, la reiterada ineptitud de Adif y las huelgas encubiertas de los maquinistas. La impotencia del Govern es la impotencia de todos. El coste económico, la decepción, la ansiedad y la rabia son de cada uno.

Cualquier promesa de inversión del Gobierno de Sánchez cae al saco del escepticismo. Demasiados años, demasiadas falsas promesas, demasiadas desgracias. A pesar de su esfuerzo de mejora, a pesar de que los incumplimientos llevan otros nombres, la confianza pública se ha agotado. O hay un cambio efectivo de timón y se dedica un presupuesto real dimensionado a las necesidades o se desmoronarán mucho más que árboles y taludes. Desde las precarias relaciones entre Catalunya y España, hasta los respectivos gobiernos socialistas, la confianza en lo público o, incluso, en un sistema democrático que dice velar por la igualdad y el bienestar. Esta vez, las intenciones de revivir el independentismo o aupar a la derecha topan con algo más potente, más determinante. Lo dicho, se han perdido las razones. Con las emociones desbordadas, nada que rime con el pasado suena a solución, solo pasa a engrosar la lista de lo caduco. Como esas vías que el temporal se está engullendo.

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