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Opinión | Partidos políticos
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PSC, ERC y el trabajo pendiente

Desaparecidos los recelos es injustificable que, acercándonos al ecuador de la legislatura, en nada se haya avanzado en cuanto a la convocatoria de la 'Convenció Nacional per a la Resolució del Conflicte

Page estalla contra el modelo de financiación autonómica: "No debe salir"

¿Qué es el Pacte Nacional per la Llengua y por qué Junts y CUP no lo firman?

Illa se reúne con Junqueras en la Generalitat por el acuerdo de financiación

Illa se reúne con Junqueras en la Generalitat por el acuerdo de financiación / JORDI BORRÀS / ACN / VÍDEO: Europa Press

A algunos militantes empecinados del PSC 'españolista' les incomoda o les indigna tener que entenderse con el republicanismo. Para algunos de ERC 'de la ceba', coincidir con el socialismo, también. De hecho, en la consulta para decidir qué hacer en la investidura, el diferencial entre los del 'sí' y los del 'no' tan solo fue de 10 puntos y entre los primeros habría que contabilizar a quienes dieron el plácet por miedo a una nueva convocatoria electoral. De igual manera, la predisposición socialista estuvo muy motivada por la imprescindibilidad del apoyo republicano para convertir a Salvador Illa en el 133.º president de la Generalitat.

En todo caso, el pacto salió bien para satisfacción de quienes lo concebían como una vía más estratégica y de largo recorrido que no táctica y oportunista. A día de hoy, las dos partes reconocen que en las bases del entendimiento hay más grasa que arena. Y para muestra, el botón de la financiación aprobada, la creación de Rodalies de Catalunya a pesar de los titubeos del Govern ante las resistencias de Adif, Renfe y los sindicatos ferroviarios o o la asunción de medidas relacionadas con la vivienda que anteriormente no habían sido consideradas. A destacar, a la vez, haber alumbrado el Pacte Nacional per la Llengua (los primeros resultados del cual materializados en un incremento notable de cursos de lengua catalana). A remarcar, también, la voluntad de legislar (el grupo parlamentario republicano tiene presentada una proposición de ley en el Congreso) a fin de hacer posible la recaudación del IRPF, lo cual tendría que abrir la negociación de los presupuestos catalanes.

Llama la atención y quita el sueño, no obstante, que atendiendo al comportamiento con que tanto el PSC como ERC han ido actuando, un punto troncal del acuerdo permanezca guardado al cajón. Una disfunción tal vez atribuible al hecho que, por su complejidad política, requería previamente esparcir nieblas de desconfianza recíprocas. Desaparecidos los recelos es injustificable que, acercándonos al ecuador de la legislatura, en nada se haya avanzado en cuanto a la convocatoria de la 'Convenció Nacional per a la Resolució del Conflicte'.

Efectivamente, republicanos y socialistas pactaron, como cuestión bastante prioritaria para que figurara en el primer punto del acuerdo, hacer nacer la mencionada Convenció, conformada por representantes de grupos parlamentarios con el objetivo de “promover un debate a nivel político, social y ciudadano sobre cómo abordar la resolución del conflicto político existente” entre Catalunya y el Estado a fin de que, una vez terminado, las conclusiones se devuelvan al Parlament, para que actúe en consecuencia (¿reforma estatutaria, ley de claridad, referéndum...?).

En cualquier caso, la incorporación de la propuesta de la Convenció en la hoja de ruta reflejaba el triunfo de un concepto trascendente, consecuencia de la voluntad de las personas y colectivos que desde el año 2018 se afanaron en reflexionar sobre los errores y aciertos (¡de todo el mundo!) en el proceso de independencia: solo será posible la construcción de una solución que pueda ser plebiscitada por la ciudadanía si es el producto de haber interpelado al conjunto de la sociedad catalana, sin vetos cruzados, buscando un amplio consenso.

PSC y ERC asumieron con la firma del documento de investidura la voluntad de superar también fracturas emocionales. Por un lado, las provocadas (y avaladas por el socialismo) por las incomprensiones del Estado a la hora de responder a las demandas mayoritarias, democráticas y pacíficas del Parlament de Catalunya y de la sociedad catalana de ejercer el derecho a decidir a través de un referéndum, así como por el dolor de la represión ejercida. De otra, las impulsadas por el independentismo en su conjunto (y avaladas por ERC) de carácter unilateral, dejando reducido al catalanismo no independentista en una indefensión también vivida con dolor.

De aquí que el entendimiento PSC-ERC adquirirá categoría de 'compromesso storico' entre federalistas y soberanistas si las dos partes no devalúan nada del que firmaron. Porque poco se entendería que unos y otros hubieran sido capaces de avanzar en buena parte de su contenido y, en cambio, no se estrenaran en cuanto a la Convenció. Son bastante esperanzadoras las expectativas creadas cómo para que no valgan argumentos dilatorios, por mor de la no participación de Junts. La prueba es que PSC y ERC han sacado adelante el Pacte Nacional per la Llengua, a pesar de que los 'juntaires' se opusieron y que ha salido adelante la financiación, a pesar de que Puigdemont no ha movido un dedo para hacerlo posible.

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