Europa: la hora de las decisiones
Antes el enemigo era Moscú pero hoy también Washington parece querer serlo y ninguno de los dos nos toma en serio. Si a los americanos Europa les parece una carga, para nosotros ellos son un peligro
Estos son los principales puntos del preacuerdo sobre Groenlandia anunciado por Trump

Archivo - (Foto de ARCHIVO) La bandera de la Unión Europea, a 3 de diciembre de 2024, en Madrid (España). Eduardo Parra / Europa Press 03/12/2024 / EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS - Archivo
Como Gary Cooper en 'Solo ante el peligro'. Seamos sinceros: 2025 no ha sido un año bueno para Europa porque Estados Unidos se está cargando la relación trasatlántica que ha garantizado nuestra seguridad durante los últimos ochenta años. Washington nos desprecia, como han demostrado el vicepresidente Vance en Davos el año pasado y el secretario de Comercio Lutnik en esta edición, el secretario de Guerra Hegseth en el escándalo 'Signalgate', y la misma nueva Estrategia de Seguridad Nacional que quiere salvarnos comprando el relato de la extrema derecha porque piensa que nuestra civilización está en riesgo de desaparecer por culpa de la inmigración y de políticas equivocadas. Y, para colmo, Trump quiere quedarse con Groenlandia poniendo en riesgo a la misma OTAN, aunque últimamente parece descartar el uso de la fuerza, ¡menos mal!, porque se habla de un acuerdo del que todavía desconocemos todo. Y esto sucede, además, en plena invasión rusa de Ucrania. Estamos ante uno de esos momentos críticos que definen el futuro.
¿Nos merecemos este trato? La realidad es que la UE es irrelevante en la escena internacional. No ha sido capaz de influir durante los recientes conflictos de Oriente Medio, mientras que tampoco hemos podido oponernos eficazmente a las ambiciones de Putin en Ucrania, y veremos qué acaba pasando ahora con Groenlandia. Antes el enemigo era Moscú pero hoy también Washington parece querer serlo y ninguno de los dos nos toma en serio. Si a los americanos Europa les parece una carga, para nosotros ellos son un peligro.
Tenemos el 5% de la población, el 17% del PIB y un asombroso 50% del gasto social mundial. Somos la envidia del mundo por nuestra sanidad, educación, pensiones o infraestructuras (a pesar de la que está cayendo), pero carecemos de energía, nuestra mano de obra es cara, y no contamos en la lucha por el dominio de la inteligencia artificial. Además hemos cometido tres errores garrafales al poner nuestra seguridad en manos de EEUU, nuestra energía en manos de Rusia y nuestro comercio en las de China, cuando ninguno de los tres es fiable. Y, para colmo, ganan fuerza en el Parlamento Europeo las voces ultraderechistas partidarias de una renacionalización de políticas y contrarias a la necesaria integración (desde el 4% en 1984 hasta el 20% en 2024). Su fuerza se ha mostrado cuando el húngaro Orbán, la italiana Meloni y el belga Weber impidieron ayudar a Ucrania con los fondos rusos bloqueados, y cuando los gobiernos ultras de Hungría, Chequia y Eslovaquia rechazaron participar en el préstamo a Kiev de 90.000 millones de euros mediante la emisión de deuda conjunta garantizada con el presupuesto comunitario. Putin tiene una quinta columna en nuestro seno.
La experiencia muestra que Europa solo es capaz de grandes reformas en tiempos de crisis, y ahora estamos en una crisis muy grande que debemos aprovechar. Los Informes de Draghi y Letta sobre la necesidad de promover la reindustrialización, productividad y transición energética en Europa marcan el camino. Cuatro reformas son especialmente importantes para tener un peso que nos haga respetados en el mundo; acabar con la paralizante regla del consenso en la toma de decisiones en Política Exterior y en Defensa, para lo cual existen formas imaginativas sin necesidad de modificar los tratados, como geometrías variables o coaliciones de voluntarios, etc; hacer un verdadero mercado común de capitales, para poner a trabajar adecuadamente a nuestros propios ahorros; completar la unión bancaria, protegiendo los depósitos dondequiera que se localicen; y aumentar la capacidad de endeudarnos conjuntamente, como hicimos durante la pandemia y acabamos de hacer para ayudar a Ucrania. Según el FMI, la UE podría emitir sin problemas deuda conjunta por valor de hasta el 15% de su PIB, o sea 2,5 billones de euros para respaldar las finanzas nacionales y crear un fondo para las necesarias inversiones conjuntas en Defensa, porque la dura realidad es que hoy la guerra no es algo imposible.
Como dijo Juncker, nuestros políticos saben lo que hay que hacer pero no saben cómo ser reelegidos después de hacerlo. Y, en consecuencia, dudan. Necesitamos líderes con visión, poetas y visionarios que se eleven sobre la mediocridad circundante y que tomen las decisiones de las que dependen nuestra supervivencia y nuestro todavía envidiable nivel de vida. Si los almogávares gritaban aquello de “Desperta ferro!” al entrar en combate es hora para nosotros de imitarles y gritar “¡Despierta Europa!”. Nos jugamos el futuro.
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