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Opinión | En clave europea

La UE ante el desorden mundial

La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, durante la cumbre del Consejo Europeo extraordinaria que se celebra este jueves en Bruselas.

La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, durante la cumbre del Consejo Europeo extraordinaria que se celebra este jueves en Bruselas. / FREDERIC SIERAKOWSKI

El orden mundial occidental posterior a la Segunda Guerra Mundial -teóricamente basado en reglas, pero que las grandes potencias se saltan cuando les conviene- ha dejado de existir, como han reconocido estos días distintos líderes europeos y el primer ministro canadiense, Mark Carney. Ante el nuevo desorden mundial, la Unión Europea (UE) titubea, debatiéndose entre afirmar su independencia frente al creciente avasallamiento de Estados Unidos o tratar de contemporizar con el presidente norteamericano, Doland Trump, para recomponer las relaciones con su principal aliado militar y socio económico, por temor a perder el paraguas de seguridad de Estados Unidos en la OTAN y a que Washington se desentienda de la guerra en Ucrania.

A pesar de las amenazas y la crisis no cerrada sobre Groenlandia, en la cumbre europea del 22 de enero hubo escaso apoyo para pedir a la Comisión Europea que tuviera preparada la activación del instrumento anticoerción por si volvían a producirse nuevas coacciones, como pedía Francia. Al final, se optó por contemporizar, pidiendo relaciones cordiales y respetuosas entre aliados y recordando que la UE dispone de herramientas para replicar.

Al retirar Trump la amenaza inmediata de nuevos aranceles a partir del 1 de febrero por Groenlandia, los Veintisiete evitaron tener que mojarse y quedaron algo relegadas las llamadas a "construir una independencia europea" frente a Estados Unidos de hacía un par de días de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. "Firmeza sin escalada", fue la consigna de Von der Leyen en la cumbre.

Relaciones comerciales

El objetivo de la UE "sigue siendo la estabilización efectiva de las relaciones comerciales con Estados Unidos", señaló al concluir la reunión el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Por ello, pidió al Parlamento Europeo que ratifique el asimétrico y humillante acuerdo comercial suscrito con EEUU en julio de 2025, que los eurodiputados habían aplazado ante las amenazas de Trump.

La tensión sobre Groenlandia se rebajó en el último minuto, pero el cambio de estrategia de Trump fue consecuencia de la reacción muy negativa de los mercados financieros a sus amenazas de recurrir al uso de la fuerza y de imponer más aranceles. La cuestión dista de estar resuelta con la prevista la revisión del Tratado de Defensa entre EEUU y Dinamarca, a causa de las exigencias de Trump de la cesión permanente del terreno de las instalaciones militares norteamericanas y del derecho a veto a inversores extranjeros en Groenlandia.

La política de amenazas, ataques, coerciones e instrumentalización de los aranceles de Trump, incluso contra sus propios aliados, ha asestado un mazazo al orden internacional liberal, del que Estados Unidos, como potencia hegemónica, se suponía que era el máximo garante.

Debilitar a Naciones Unidas

La creación por Trump de la denominada Junta de la Paz es además un indisimulado intento de debilitar a las Naciones Unidas, lo que crea otro choque político con la UE, que defiende a la ONU como el foro prioritario de coordinación internacional y resolución de conflictos. Hungría y Bulgaria ya se han sumado a la Junta de Paz de Trump, aunque la UE estima que plantea serias dudas sobre su compatibilidad con la Carta de las Naciones Unidas, indicó Costa.

La expansión económica de China y otras potencias emergentes del denominado Sur Global, ha debilitando también durante la última década la antigua hegemonía económica occidental. China y las otras potencias emergentes reclaman relaciones internacionales más equilibradas y equitativas, acordes con la realidad de un mundo multipolar y sin 'diktats' occidentales. La UE debería tenerlo en cuenta. Canadá no ha dudado en desmarcarse de la política de confrontación norteamericana con Pekín y acaba de firmar con China un acuerdo comercial.

Los líderes europeos parecen tener poca confianza en la capacidad de la UE de volar sola sin la tutela norteamericana. A pesar del débil crecimiento actual y su acumulado retraso tecnológico frente a EEUU y China, la UE sigue siendo una potencia económica y comercial de primer orden y, si quisiera, podría movilizar los recursos adecuados para dinamizar su industria y recuperar el retraso tecnológico. La UE dispone también de una formidable capacidad militar defensiva. El principal déficit militar europeo no es la falta de armamentos caros que pueden destruir drones baratos, sino la escasa capacidad de sus ejércitos nacionales para actuar de forma efectiva y coordinada como un verdadero ejército europeo.

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