El loro de Julian Barnes
La decisión del escritor diciendo que ya es hora de dejarlo, tan íntima y honesta, sobresale en el mundo actual
'Mis cambios de opinión', de Julian Barnes

El escritor Julian Barnes, autor de 'Mis cambios de opinión'. / Robert Ramos
La noticia literaria de la semana es que el escritor Julian Barnes ha anunciado que se retira y no publicará ningún otro libro. Coincidiendo con la salida de un nuevo título, 'Despedidas' (Anagrama en castellano/Angle en catalán), ha contado que no era una decisión meditada, sino que se le impuso mientras escribía esta obra. No hay muchos autores que decidan retirarse; me vienen a la cabeza Nadine Gordimer o Philip Roth, pero la mayoría acaban entregándose a lo que Edward Said definía como “estilo tardío”, esa tensión entre la confianza de quien domina el oficio y la rebelión íntima de querer indagar en el final que se avecina. Barnes tiene ahora 80 años y está enfermo de cáncer, y su maestría se reparte a lo largo de una obra muy diversa y al mismo tiempo coherente: es una mirada sobre la vida —culta, inteligente, a menudo tragicómica y de gran curiosidad por los pliegues del alma humana.
Una encuesta entre sus lectores nos mostraría que las preferencias están muy repartidas. Seguramente en lo alto habría obras tan celebradas como 'Niveles de vida', 'Nada que temer' o 'El sentido de un final', pero no se pueden menospreciar los ensayos sobre arte y sobre cocina, y yo recuerdo haberme divertido mucho con 'Antes de que nos conociéramos' y con los cuentos de 'Una historia del mundo en diez capítulos y medio'. Y luego, claro, está el libro que le hizo famoso, 'El loro de Flaubert', publicado en 1984 y que hoy en día se puede leer como una poética de estilo, una formulación de las virtudes que han guiado su carrera. Entre las frases que subrayé en mi ejemplar, Barnes cita una de Flaubert que hace pensar: “El Orgullo es una fiera salvaje que vive en una cueva y yerra por el desierto. La Vanidad, en cambio, es un loro que salta de rama en rama y parlotea a la vista de todos”.
La decisión de Barnes diciendo que ya es hora de dejarlo, tan íntima y honesta, sobresale en el mundo actual, donde una premio Nobel de la Paz regala su reconocimiento, sin ningún tipo de orgullo, solo para enjabonar al poderoso y sacar partido personal, y quien lo acepta es un presidente que es la pura Vanidad, un loro que parlotea incansable.
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