Davos, feria de vanidades con Trump como estrella
El montaje más aparatoso ha sido la ceremonia de presentación de la Junta de Paz, un engendro aparentemente diseñado para Gaza, pero que pretende ser un instrumento al servicio de la megalomanía imperialista del presidente de EEUU
Trump inaugura la Junta de Paz para Gaza y desvela su plan inmobiliario para la Franja
Estos son los principales puntos del preacuerdo sobre Groenlandia anunciado por Trump

Trump lanza la Junta de Paz para Gaza y apunta a su expansión global / GIAN EHRENZELLER / EPA / EFE / VÍDEO: EUROPA PRESS
El más vanidoso de los líderes mundiales no podía dejar pasar la ocasión de brillar en la feria mediática y empresarial que desde hace 56 años se celebra en Davos. Cuatro han sido los asuntos principales en los que Donald Trump y su 'troupe' han centrado su espectáculo, aunque en ninguno de ellos se han producido resultados determinantes y hasta han sufrido algún revés.
El montaje más aparatoso ha sido la ceremonia de presentación de la Junta de Paz, un engendro aparentemente diseñado para Gaza, pero que, en realidad, pretende ser un instrumento al servicio de la megalomanía imperialista de Trump. Un instrumento que desafía abiertamente a la ONU como representante legítimo de la comunidad internacional, aspirando a ser un órgano de gobernanza global para resolver conflictos en cualquier rincón del planeta. Creado a su imagen y semejanza, Trump se arroga el papel de presidente vitalicio, con derecho de veto sobre todas sus decisiones y con potestad para determinar su composición y su agenda de trabajo.
En su imaginación se veía rodeado por todos los actores relevantes del escenario internacional, sumisos a sus directrices y dispuestos incluso a pagar por hacerse merecedores a compartir su mesa- 1.000 millones de dólares para quien desee convertirse en miembro permanente-. En realidad, de las 60 invitaciones que ha enviado a jefes de Estado y de Gobierno no solo se ha encontrado con que únicamente 25 han respondido positivamente, sino que todos los que lo rodeaban en Davos eran actores de segundo nivel, señalados en general por su escaso entusiasmo en la defensa de la democracia, los derechos humanos y la ley internacional. En resumen, un fiasco que, en todo caso, deja a la ONU aún más malparada y que, paradójicamente, deja a China como la potencia global más alineada con el multilateralismo que Trump quiere desmantelar.
El disparate vino acompañado de la obscena presentación por parte de Jared Kushner, yerno de Trump, de un plan para la Franja de Gaza que, ocultando su innegable vocación empresarial, pretendía hacerse pasar por una generosa apuesta por el bienestar y la seguridad de los gazatíes. Los mismos que, con el abierto respaldo diplomático, económico y militar de la Casa Blanca, están siendo sometidos a un genocidio impuesto por el plan supremacista de Binyamín Netanyahu. Al margen del debate sobre el volumen de financiación necesario para la reconstrucción de la Franja, lo fundamental es entender que el proyecto no contempla la participación directa de los palestinos, convertidos en el mejor de los casos en mano de obra barata, mientras que permite a Netanyahu y los suyos seguir adelante con su intención de redibujar el mapa de Palestina a su gusto.
Más astuto ha sido el papel del inquilino de la Casa Blanca en relación con Groenlandia y los Veintisiete. Adelantándose a una posible activación del instrumento anti-coerción de la Unión Europea, Trump aparentó retirar su amenaza de aplicar aranceles adicionales a los ocho países que se habían mostrado solidarios con Dinamarca ante su intento de controlar Groenlandia. De ese modo, manteniendo un amplio margen de maniobra para hacerse finalmente con la isla, ha logrado descafeinar el Consejo Europeo extraordinario celebrado el mismo día. Un Consejo fallido, en la medida en que se ha limitado a reiterar declaraciones previas de solidaridad con Dinamarca, sin tomar ninguna decisión relevante que acelere el proceso para alcanzar la tan ansiada autonomía estratégica. En consecuencia, Trump puede seguir convencido de que, más allá de las palabras, los Veintisiete no tienen la voluntad política para poner en común sus capacidades y, menos aún, para salirse de la órbita estadounidense.
Por último, con la presencia personal de Volodímir Zelenski, el tema de Ucrania ha vuelto a cobrar importancia, con el anuncio de una reunión, por primera vez, de representantes de Moscú, Washington y Kiev. No deja de sorprender que Zelenski se haya mostrado más conciliador con Trump y más crítico con los Veintisiete, como si no estuviese claro que el primero busca entenderse con Putin a costa de Ucrania, y que los segundos son quienes pueden ofrecerle un sitio en la mesa común y darle garantías de seguridad.
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