Seguros, pero no coaccionados
Hay que garantizar la seguridad de trabajadores y usuarios. Pero los primeros no pueden tomar como rehenes a los segundos
La australiana QBE Insurance, la aseguradora común de Iryo, Renfe y Adif, tendrá que hacer frente al accidente ferroviario en Córdoba
La aseguradora Everest afrontará un pago máximo de 84.140 euros por cada persona afectada por el accidente de Rodalies

Trabajos de rescate de los convoyes de trenes accidentados en la zona del suceso en Adamuz (Córdoba). A 22 de enero de 2026, Adamuz, Córdoba (Andalucía, España).La Guardia Civil mantiene este jueves la búsqueda para localizar a dos personas que viajaban en los trenes accidentados en Adamuz (Córdoba), unas labores que abarca desde los amasijos de hierro y restos de los coches siniestrados a las zonas aledañas a las vías. Fuentes conocedoras del dispositivo de búsqueda consultadas por Europa Press han señalado que en la primera inspección en los trenes, tanto en el Iryo como en el Alvia, no se había logrado hallar a estas dos personas que faltan para completar el listado de las 45 denuncias de desaparecidos. 22 ENERO 2026 Francisco J. Olmo / Europa Press 22/01/2026. Francisco J. Olmo / Francisco J. Olmo / Europa Press
El terrible accidente de Adamuz (Córdoba), que se ha cobrado más de cuarenta víctimas mortales, ha puesto el foco sobre la seguridad de las infraestructuras ferroviarias. En Adamuz colisionó un Alvia de Renfe con un tren de alta velocidad Iryo que había sufrido un descarrilamiento. Las investigaciones para esclarecer las causas continúan abiertas, aunque todo apunta a un fallo en la infraestructura. Al accidente de Córdoba le siguió otro pocas horas después, esta vez en Rodalies de Catalunya, cerca de Gelida, cuando un muro de contención cayó sobre la cabecera del tren al paso de este. En el siniestro falleció un joven maquinista en prácticas.
La tragedia de Adamuz llevó a las autoridades a establecer limitaciones en el trayecto de alta velocidad entre Barcelona y Madrid presionadas por los maquinistas. A su vez, el accidente de Gelida provocó, amén del corte de la autopista A-7, la suspensión preventiva de la circulación de trenes de Rodalies y media distancia en el conjunto de Catalunya. Pese a que las autoridades anunciaron el restablecimiento progresivo del servicio y el ente gestor Adif garantizó por escrito su buen estado, la congelación de todo el servicio se repitió por segundo día consecutivo, esta vez por el plante de los maquinistas. Tras un acuerdo entre los profesionales, que por la mañana no habían acudido a su lugar de trabajo sin dar explicaciones, Govern, Adif y Renfe, se reemprenderá en los trazados que superen una segunda inspección supervisada por los trabajadores sin que tengan ningún derecho a ello.
Conductores y sindicatos habían denunciado interesadamente el deterioro de la red ferroviaria. Una realidad especialmente evidente en el caso de Rodalies Catalunya, que arrastra desde hace largos años una gravísima falta de inversiones y una dejadez escandalosa. La coincidencia de accidentes ha dado lugar a un intenso debate público sobre las inversiones, el mantenimiento y los protocolos preventivos en caso de eventos climáticos como las lluvias de estos últimos días. Pero responden a motivos y contextos muy distintos, a pesar de que muchos, empezando por los maquinistas, los hayan vinculado irresponsablemente.
El supuesto malestar de los maquinistas no puede traducirse en la aceptación de cualquier forma de protesta. La paralización del servicio ferroviario ha supuesto un perjudicio irreparable para una parte muy significativa de los ciudadanos catalanes, la mayoría humildes trabajadores que en sus empresas no pueden ejercer presiones como las que han impulsado estos días desde un sindicato corporativo. A los conductores ferroviarios hay que garantizarles su seguridad, igual, por supuesto, que a los usuarios, y también es necesario tomar todas las medidas para mantener adecuadamente y poner al día los trenes y el resto de infraestructuras ferroviarias. Pero no es aceptable que los colectivos que disponen de capacidad para causar graves trastornos al resto de ciudadanos, recurran a un paro encubierto que no es otra cosa que un chantaje que toma como rehenes a los usuarios que dicen proteger, saltándose las normas que regulan el ejercicio de la huelga en un servicio público esencial. Si el organismo responsable del funcionamiento de la infraestructura ferroviaria certifica que está en condiciones de prestar servicio, ese criterio debe ser considerado (de hecho, debería haber sido así ya ayer) incontestable. Y el Govern deberá exigir, al regulador y a la empresa operadora, que ese dictamen técnico, y los intereses públicos de cientos de miles de ciudadanos, no se vuelvan a saltar a la torera por falta de contundencia. Y que el colectivo de los maquinistas regrese al trabajo o convoque una huelga, bajo el marco establecido para ello como el resto de trabajadores.
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