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Opinión | Ágora
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Catalunya colonialista

Mucho más interesante que destruir la dependencia resulta invertirla: se trata de hacer de España una colonia de Catalunya

Hacienda excluirá las referencias a la ordinalidad en la reforma de la financiación que llevará al Consejo de Ministros

Sánchez y Junqueras pactan una nueva financiación que respetará la ordinalidad para Cataluña

LUCÍA FEIJOO VIERA / FOTO: JOSÉ LUIS ROCA

Se quiere proclamar en España el principio de ordinalidad. No debe confundirse con la ordinariedad, que no necesita de proclamación para principiar nuestra política. La ordinalidad no pretende significar otra cosa que orden justo del fisco:

el que paga más impuestos que reciba más beneficios. Quieren el gGbierno socialista y las izquierdas catalanas que dicho principio, que no aparece en la Constitución, sustituya al otro que sí aparece, el de la solidaridad.

No deja de ser curioso que sean las izquierdas quienes defiendan un cambio de ese tipo. Pues la ordinalidad vendría a imponer la justicia tal y como se entiende desde antiguo, sin correcciones sociales: dar a cada uno lo suyo, sin repartos de ningún tipo. La corrección redistributiva del principio de solidaridad, defendida antes por la izquierda, debiera ser entonces eliminada. Porque, al menos a nivel interterritorial, las izquierdas no son izquierdas, sino nacionalistas. También el PSC, que es quien orienta las mayorías del Parlamento español. Esta es la única explicación, la dependencia del PSOE de los pactos que se hagan en Catalunya.

Todo ello desvela un giro en la política no sólo de las izquierdas, sino en el mismo nacionalismo catalán. Desde que Orriols amenaza desde la derecha, el nacionalismo ya no es independentista, sino colonialista. Los partidos catalanistas ya no quieren conducir sus políticas por la vía corta e incierta de la separación. Mucho más interesante que destruir la dependencia resulta invertirla: se trata de hacer de España una colonia de Catalunya. Si de facto España se gobierna desde Catalunya, ahora llegarán a ella los impuestos de todos los españoles. Así, Catalunya y el País Vasco habrían pasado a apropiarse de España sin necesidad de independizarse y sin necesidad de ejército. Da igual lo que diga el papel mojado de una Constitución. La dependencia real es la única que cuenta. Y, hoy, el Estado central está en Catalunya y en el País Vasco.

Sería colonialismo, sí, porque Catalunya viviría del dinero del resto de España. Evidentemente, la ordinalidad no es más que la pomposa máscara de un falso dilema. No debe olvidarse que Catalunya, como Madrid, tienen más ingresos porque en ellas declaran empresas cuyos ingresos provienen de todo el territorio.

El dinero contribuido proviene de todos los lugares de España donde ejerzan su actividad comercial; sin embargo, esos mismos ingresos son declarados ante el fisco en un territorio concreto, como si se produjesen en él. Piénsese en los bancos catalanes, por ejemplo. Actúan en todo el territorio, pero su persona jurídica declara en Catalunya todos esos ingresos.

Así, quedaría consumado el colonialismo. Los beneficios económicos irían a parar al Estado colonizador, que es Catalunya, y las mejoras sociales también gracias a ese beneficio fiscal. De ese modo, Catalunya no sólo gobernaría el Parlamento español, como hoy hace, sino que sacaría el oro del resto de España para mejorar-sus infraestructuras. Catalunya no será así independiente, sino colonial, lo cual es mucho más ventajoso. Habrá que ver, entonces, si no se verán nuestros ojos a está España colonizada pidiendo la independencia del Estado opresor.