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Opinión | Geopolítica
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Trump chulea pero no dispara

Nunca un presidente de Estados Unidos había mentido tanto ante una tribuna como la de Davos

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Trump sobre Groenlandia: "No quiero recurrir a la fuerza"

Lucía Feijoo Viera

Nunca nadie había hablado más de una hora en un foro como el de Davos, sometido a la implacable disciplina de los relojes suizos. Pocas veces hubo tanta expectativa. Incluso Wall Street se dejó dos puntos en la sesión del día anterior, al creerse que Donald Trump iba a anunciar la fecha de la ocupación de Groenlandia. Ningún líder se permitió nunca humillar e insultar a tantos lideres occidentales como hizo él durante su intervención. A Macron, por supuesto, al que ridiculizó por esconderse detrás de gafas oscuras para desafiarle. A Keith Starmer, vapuleado por no bombear más petróleo en el mar del Norte y por comprar molinos de viento a China. Y a Mark Carney –primer ministro de un país que no existiría sin nosotros– por haberle hecho la crítica más consistente que le ha hecho nunca. Desde la Unión Europea, culpable de gestionar un continente irreconocible, hasta Suiza, vapuleada durante diez minutos por no reducir su déficit comercial con Estados Unidos. Trump no dejó títere con cabeza. Y, sin embargo, Wall Street volvió a subir, aliviada. El 'cowboy' había chuleado a los ocupantes del 'saloon', había incluso sacado la pistola para amenazar con nuevos aranceles, pero no había disparado. Incluso se desdijo, o parecía que se desdecía, de su anunciada decisión de ocupar Groenlandia por la fuerza. Le basta con comprarla.

Nunca un presidente de Estados Unidos había mentido tanto ante una tribuna como la de Davos, donde los asistentes llevan un programa de 'fact-checking' incorporado a sus gafas inteligentes. Su llamamiento para invertir fue bien recibido, por supuesto, como lo fueron sus críticas a la regulación europea. Era lo que se esperaba de un político norteamericano. Sin embargo, aunque Davos sea el lugar donde se reúne la élite por excelencia, no es un mitin de seguidores de MAGA dispuestos a aplaudir cualquier barrabasada con tal que venga de Trump. Ni era el lugar adecuado para hacer creer que las pacificadas calles de Washington son un paraíso, mientras que por las de Minneapolis circulan mujeres histéricas que solo piensan en atropellar matones del ICE. Más grave fue, para este público de ejecutivos, que no explicara por qué la OTAN no puede defender el Ártico desde Groenlandia, que equiparara a Putin con Zelenski, que no respondiera al desafío económico y tecnológico que supone China, o que no tuviera respuesta a preguntas sobre los tambores de crisis que recorren los mercados o el déficit galopante de Estados Unidos.

Ello explica, probablemente, que la cálida bienvenida inicial fuera seguida de murmullos de desaprobación y de aplausos finales discretos. ¿A qué aspira Davos? A un mundo predecible, con reglas para las multinacionales y aranceles estables, al fin de la guerra de Ucrania, al restablecimiento de las relaciones transatlánticas. A no tener que desayunarse cada día con la última ocurrencia del presidente de Estados Unidos en el 'Financial Times'. Donald Trump no les ofreció nada de esto. Si no nos vendéis Groenlandia, no lo olvidaremos, dijo, enigmático, amenazador.

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