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Opinión | Transporte
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Trenes que chocan y aviones que suben

Es demencial que los vuelos suban de precio, ajenos al drama, cuando mueren decenas de personas y miles de viajeros se ven afectados por la cancelación de trenes

Iberia añade más vuelos entre Málaga y Sevilla hasta Madrid y limita los precios a 99 euros

Aviones despegando y aterrizando en el aeropuerto de El Prat de Barcelona.

Aviones despegando y aterrizando en el aeropuerto de El Prat de Barcelona. / Zowy Voeten

Cuidado con lo que deseas, porque te saldrá más caro. Ojo con lo que verdaderamente necesitas, porque será entonces cuando te resulte más difícil pagarlo. La mano invisible que en teoría regula el mercado es la que te hará una visible peineta cuando estés más desesperado.

¿Qué tiene que ver un concierto de Taylor Swift con un desastre natural? ¿O una final del Mundial con una tragedia humana? La tarificación dinámica. Dicho menos fino: si quieres descubrir la sonrisa con colmillos del capitalismo, intenta huir en avión de un incendio.

Hemos normalizado que los precios se pongan prohibitivos cuando hay un macroconcierto en una ciudad. También cuando se celebra un evento deportivo o una macroferia empresarial. No seré yo quien descubra la ley de la oferta y la demanda, llevada al último rincón de tu corazón: es especialmente irritante, sobre todo en pasiones más sensibles como el precio de las entradas del concierto del grupo de tu vida o de una final de tu equipo. Aunque, al fin y al cabo, si tu grupo favorito permite esa práctica, podrías dejar de admirarlo tanto.

Pero hay cosas que no se eligen. Y lo que me parece verdaderamente difícil de encajar, quizá desde una ingenuidad de la que no planeo desprenderme nunca, es que (es el ejemplo más claro y elocuente, pero podría poner más) los precios de las aerolíneas se disparen en determinadas situaciones colectivamente traumáticas. Recientemente, con la dana de Valencia, con los incendios en Galicia y Castilla y León, con el accidente ferroviario en Adamuz, Córdoba.

Es demencial que los vuelos suban de precio, ajenos al drama, cuando mueren decenas de personas y miles de viajeros se ven afectados por la cancelación de trenes. No sé si apelar a la voluntad política (legislar tope de precios e implicación empresarial en caso de catástrofes sobrevenidas), a la conciencia individual (boicots ciudadanos a las empresas que no lo hagan) o a la voluntad de las empresas (aunque sea con fines de preservar la imagen y de no perder dinero). De hecho, mientras escribía estas líneas, algunas compañías, como Iberia, sí anunciaron, pasadas unas horas, nuevos vuelos bloqueando la subida de los precios. Menos mal.

Damos ya por sentados esos precios elásticos, que has padecido también seguro en hoteles, trenes o apps de movilidad como Uber. Sabemos desde hace tiempo que las cosas no cuestan lo que valen. Pero es asqueroso que valgan más precisamente cuando más las necesitas o deseas.

Si volvemos al ejemplo del avión, hay diversas clases tarifarias según cuándo compras: a medida que se van vendiendo, se encarecen. A quien madruga, el mercado ayuda, te vienen a decir. Las empresas usan algoritmos con la capacidad para rastrear datos históricos y en tiempo real: si hay un evento atractivo o una catástrofe horrorosa, podrán rescatar ejemplos parecidos en el pasado (datos de reservas, búsqueda de destinos) y así retocar el precio al alza. No es que reaccionen ante la demanda, sino que la anticipan.

Pero es que se están empezando a usar mecanismos aún más diabólicos. En otros países, como en Estados Unidos, hay compañías que usan datos personales para tasar necesidad y urgencia (y subir, en consecuencia, las tarifas). Como cuando en un mercadillo de segunda mano pones cara de querer ese libro que te falta para la colección y el vendedor lo encarece. Los precios en base a la vigilancia pueden llevar a escenarios aún más distópicos: la compañía puede saber tu nivel económico o hasta qué punto ese grupo del concierto es importante para ti, en los casos más inofensivos, o conocer, incluso, si acabas de sufrir una desgracia familiar, en los peores. Esto, a día de hoy, no se puede hacer en la Unión Europea, que prohíbe ese uso de los datos personales. Pero nuestros tiempos se están poniendo tan estupendos y nuestro entorno está tan llenito de cretinos con alma de lobeznos de Wall Street que no descartemos acabar así. Al fin y al cabo, los billonarios por los que algunos rezáis ya están construyendo búnkeres de superlujo y proyectando la colonización de Marte para huir cuando nuestro planeta, ya por momentos apestoso, sea literalmente irrespirable.

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