'Keep Calm and Carry On'
El viejo eslogan de Churchill debe ser la respuesta de Europa a un Trump que ahora dice que en Groenlandia no quiere usar la fuerza sino comprarla
Trump descarta el uso de la fuerza en Groenlandia, pero pide "negociaciones inmediatas para adquirir el territorio"

El presidente de EEUU, Donald Trump, interviene en el Foro Económico Mundial de Davos. / Europa Press/Contacto/Lian Yi
Los organizadores de Davos 2026 han elegido como lema “Espíritu de diálogo”. Es una muestra de voluntarismo cuando el orden liberal, asentado sobre el Estado de derecho y el libre comercio mundial -el consenso de Davos- está siendo frontalmente cuestionado por la segunda presidencia Trump. Aunque no únicamente por eso, solo el 30% de los 4.400 ejecutivos mundiales encuestados por Davos se muestran optimistas ante el futuro.
Pero la realidad es que -pese a Putin y a Trump- la economía va mejor de lo esperado. El FMI acaba de pronosticar que el mundo volverá a crecer este año un 3,3% y que, aunque los países avanzados lo harán menos (un 1,8% y España un 2,3%), ninguno hará marcha atrás.
Pero en Davos el miedo se llama Trump que, como ha dicho Mark Carney, el primer ministro de Canadá, nos quiere arrastrar a un mundo sin ley y por tanto mucho más inseguro. Y el futuro de Groenlandia, la gigantesca isla ártica de Dinamarca, un estado de la UE y de la OTAN, es ahora la gran cuestión. Trump repitió la semana pasada que debía ser parte de los Estados Unidos “por las buenas o por las malas”. Y que no haría marcha atrás.
Fue la confirmación de un gran cambio de época respecto a lo que ha representado la OTAN desde 1949, cuando se creó para hacer frente a la URSS de Stalin. Y por eso el lunes y el martes el oro se revalorizó hasta los 4.870 dólares la onza, un 12% en lo que llevamos de año. Es el fruto de la desconfianza en la fiabilidad del dólar como moneda de refugio. Y es que la ruptura de la OTAN es el gran cisne negro que amenaza la estabilidad internacional.
Quizás por eso Trump estuvo el miércoles en Davos igual de decidido, pero más cauto: “Decían que usaría la fuerza. No tengo necesidad de usar la fuerza. No deseo usar la fuerza. No voy a usar la fuerza. Vamos a negociar su compra, como hemos hecho otras veces en nuestra historia. Queremos un trozo de hielo para proteger el mundo… y ellos tienen una elección. Pueden decir sí y estaremos agradecidos, o pueden decir no, y no lo olvidaremos”. O sea, que va a usar todas las presiones, como la subida de aranceles o el chantaje de dejar a Ucrania (y a Europa) más indefensas ante Putin, para que Dinamarca y los países europeos cedan en una negociación geopolítica (no inmobiliaria) que implicaría que aceptaran el papel de aliados subordinados y sumisos al nuevo emperador. Por eso quiere Groenlandia, para coronarse y hacer de Europa su vasalla.
La respuesta no es fácil. El choque militar es impensable. La guerra comercial inconveniente. ¿Qué hacer? Solo queda jugar las cartas con inteligencia. La frase usada por Churchill en la guerra mundial “Keep Calm and Carry On” (mantenga la calma y siga adelante) debe ser recordada. Y Trump no es emperador. Ni de América. No puede hacer lo que quiera porque es el presidente menos popular en su primer año de mandato. Y es bastante patán. Confundió varias veces -¿intencionadamente?- a Groenlandia con Islandia. Y Ken Griffin, presidente del fondo Citadel y antiguo donante republicano dijo poco antes, en Davos: “no entiendo por qué nos vamos a pelear por un trozo de roca cubierta de hielo”. Antes de añadir que los aranceles perjudicarían a las empresas y los consumidores americanos.
El refrán español dice: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Sin desconocer sus debilidades -la UE no es un Estado y el Parlamento Europeo no es soberano-, los países de la UE no deben olvidarlo en las duras y tensas negociaciones de las próximas semanas con el presidente americano. Y no hay que ser monárquico para reconocer que Felipe VI estuvo acertado -y oportuno- al decir en el Parlamento Europeo y en el 40 aniversario de la entrada de España en la UE: “La fuerza sin principios (¿Trump?) equivale a la barbarie. Los principios, sin acción que los respalde, conducen a la frustración y el desencanto”.
Es la cuestión a la que el mundo y Europa se enfrentan. España -o el Estado español, como prefiera- debe tener voz propia en Bruselas para hacer frente a la América de Trump. Y un hecho alentador es que parte de la 'quinta columna' de la extrema derecha europea -el inglés Farage, la francesa Marine Le Pen, aunque no nuestro Abascal- sobre Groenlandia no se están alineando con Trump.
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