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Opinión | Editorial
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Europa y el valor de la unidad

El discurso de Felipe VI en Estrasburgo fue más allá de lo simbólico, al incluir un llamamiento a la acción

Felipe VI pide a la UE unidad y autonomía ante Trump: "La fuerza sin principios equivale a la barbarie"

El Parlamento Europeo congela el pacto sobre aranceles con EEUU tras las amenazas de Trump por Groenlandia

ESTRASBURGO, 21/01/2026.- El rey Felipe VI interviene ante el Parlamento Europeo con motivo del 40 Aniversario de la adhesión de España y Portugal a la Unión Europea. EFE/Cuenta oficial de la Casa de S.M. el Rey en red social X SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO). SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

ESTRASBURGO, 21/01/2026.- El rey Felipe VI interviene ante el Parlamento Europeo con motivo del 40 Aniversario de la adhesión de España y Portugal a la Unión Europea. EFE/Cuenta oficial de la Casa de S.M. el Rey en red social X SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO). SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) / Cuenta oficial de la Casa de S.M. el Rey en red social X / EFE

El discurso del rey Felipe VI en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, con motivo del 40º aniversario de la adhesión de España a las Comunidades Europeas, situó el balance de estas cuatro décadas en un contexto internacional marcado por la erosión del orden basado en normas y por un entorno cada vez más adverso al proyecto europeo. El Rey subrayó la idea de que la integración europea fue determinante para la modernización democrática, económica y social de España tras la dictadura, recordando que ese resultado no podía darse por garantizado. La prosperidad y la paz, advirtió, fueron el fruto de decisiones políticas deliberadas y sostenidas. De ahí su apelación a la necesidad de apostar por el refuerzo de la autonomía estratégica europea como una exigencia derivada del nuevo contexto internacional.

Y aunque Donald Trump no fue citado explícitamente, su figura estuvo presente en la reflexión sobre la fragilidad del vínculo transatlántico. Las amenazas del presidente estadounidense sobre Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, plantean un escenario inédito entre aliados y ponen a prueba los mecanismos de solidaridad y defensa mutua de la Unión. En ese contexto, el Rey resumió la lógica de la integración europea al señalar que los problemas de un Estado miembro afectan al conjunto de la Unión.

A este respecto, el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro de Davos resulta especialmente pertinente. Al alertar del deterioro del orden internacional basado en normas y destacar el papel de las potencias medianas, puso el foco en una inquietud compartida por Europa. Su referencia a Václav Havel apuntó a una idea clave: cuando el poder se ejerce sin límites, la cooperación entre actores que comparten valores se convierte en una necesidad política.

Desde esta perspectiva, la Unión Europea se ha consolidado como el ejemplo más acabado de cooperación entre democracias. Frente a la lógica de la negociación bilateral asimétrica, la Unión cuenta con instrumentos políticos, económicos y comerciales para responder de forma colectiva a la coerción, apoyados en la reafirmación del multilateralismo, el derecho internacional y la solidaridad entre estados miembros. La guerra de Ucrania, además, ha reforzado esta idea ya que pese al conflicto bélico en su frontera oriental, la Unión ha mantenido la cohesión interna y ha evitado la extensión de la guerra, confirmando que la cooperación democrática puede generar estabilidad incluso en contextos de alta tensión.

Por todo ello, puede afirmarse que el discurso de Felipe VI ha ido más allá de lo simbólico. Al vincular la transformación democrática española con la situación internacional, ha subrayado que Europa es un proyecto político basado en principios pero que requiere de acción. La respuesta a las presiones externas, incluidas las relativas a Groenlandia, debe basarse en la capacidad de actuar de forma conjunta. Cuarenta años después de la adhesión de España, el mensaje es claro: la unidad sigue siendo el principal activo de Europa. Y en un mundo en el que el poder tiende a desvincularse de las normas, esta Unión tiene la oportunidad y la responsabilidad de demostrar que la cooperación entre democracias sigue siendo la vía más eficaz para garantizar el progreso y preservar la paz.