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Opinión | Justicia social
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No te olvides de los pobres

La pobreza no es meramente un problema estadístico; la pobreza nos habla, y el punto de partida es lo que dice de nosotros y lo que nos dice a nosotros

El papa León XIV reclama respeto a la soberanía de Venezuela y a los derechos humanos "de todos y cada uno"

El papa León XIV

El papa León XIV / Maria Grazia Picciarella /SOPA / EUROPA PRESS

Cuando Francisco fue elegido Papa, el cardenal Hummes, que estaba sentado a su lado, le susurró: "no te olvides de los pobres". Francisco ha reconocido que esto le marcó profundamente y, en continuidad con él, León XIV ha publicado su primera exhortación apostólica: 'Dilexi Te' (Te he amado). En ella nos recuerda que antes de preguntarnos qué hacemos debemos preguntarnos desde dónde miramos. A menudo arrancamos nuestros debates planteando qué hacer o dejar de hacer. Y olvidamos que en el principio, siempre, está la mirada. Si no afinamos la mirada, si no nos preguntamos dónde está puesta nuestra atención, nuestra acción será meramente reactiva. Por eso se nos recuerda que la pobreza no es meramente un problema estadístico; la pobreza nos habla, y el punto de partida es lo que dice de nosotros y lo que nos dice a nosotros. La pobreza pide -exige- políticas sociales, sin duda; pero nos pregunta si nos dejamos interpelar por la vulnerabilidad y no la reducimos a unos problemas sociales que hay que apaciguar.

Hoy hemos de hablar de la pobreza en plural: existen las pobrezas, en su diversidad económica, vital, relacional, habitacional, racial, ambiental… Son las pobrezas de todos los rostros de la vulnerabilidad, las pobrezas de los que sobran, de los descartados. Las pobrezas no simplemente de los pobres, sino las de los empobrecidos. Las viejas y nuevas pobrezas que no son sólo un hecho sino, sobre todo, un resultado de biografías que han seguido senderos no buscados ni deseados.

Esto viene a cuento especialmente hoy, cuando se habla del retorno de la religión y la espiritualidad. Una espiritualidad a veces bienestarista, que busca dar calor a los corazones en medio de un mundo sin corazón. A menudo se vuelve a hablar de Simone Weil para ponerla como ejemplo. Y, curiosamente, se subraya su profunda dimensión mística mientras se guarda un silencio absoluto sobre el hecho de que fue a trabajar voluntariamente a fábricas para compartir la condición de los trabajadores, y vino a apoyar a la República durante la Guerra Civil. Su mística era también eso, porque no hay mística sin poner en juego la propia vida y arriesgarla: para Weil, la mística no se conjuga desde la búsqueda del bienestar espiritual sino desde la voluntad de no hablar del sufrimiento humano desde fuera. Y por eso mismo debemos ser cuidadosos: la pobreza -las pobrezas- no idealizan a nadie. No se trata de cultivar una especie de romanticismo de las pobrezas, como ocurre tantas veces. Hablar de las pobrezas no busca emocionar, ni volver a dividir estúpidamente el mundo entre buenos y malos. Busca responsabilizar, es decir: dar respuestas. Busca no conformarse con estudios, discursos y comisiones sino cambiar la mirada y, por consiguiente, ver qué clase de respuestas están a mi alcance. Si cambiamos la mirada -si la transformamos- las pobrezas nos descentran. Y en este sentido, el verdadero retorno de la religión y de la espiritualidad no consiste en vivir más centrados, sino en vivir más descentrados.

La exhortación de León XIV no quiere ser un documento más. Quiere acompañarnos en nuestro camino de transformar y descentrar la mirada. Quiere ayudarnos a emprender el camino que nace de cambiar nuestra atención, y desde aquí reelaborar nuestras intenciones para poder adentrarnos en la acción; la que nos corresponda a cada uno. Y a cada uno en la posición que ocupa. Porque el "no te olvides de los pobres" afecta también a gobiernos, políticos y gestores. Debemos reivindicar el valor de la compasión como moción e impulso, ciertamente. Pero la compasión no sustituye a la política. Las pobrezas no son un indicador o un problema a resolver, sino una realidad humana que nos interroga. Los pobres no son meros objetos destinatarios de políticas públicas o de beneficiencia: son sujetos, y sujetos de derechos. Una sociedad que acepta las pobrezas como un hecho inevitable ha perdido todo sentido del bien común. Y sin abordar las causas estructurales de las pobrezas no haremos más que confirmar que vivimos en una economía que mata.

Ya nos lo dijo Salvat-Papasseit: "[…] Demà posats a taula oblidarem els pobres / -i tan pobres com som". Por eso, mirando al mundo y mirando a nuestro país, las palabras que escuchó Francisco y marcaron su pontificado no son un susurro, son un clamor: "no te olvides de los pobres".

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