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Opinión | Gárgolas
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Mañana en la batalla

El documental nos enseña que se lo tomaron como una guerra. Hicieron que la montaña pariera un ratón ridículo

Filmin defiende el documental sobre los disturbios en Barcelona tras la sentencia del 'procés', pero entiende las críticas

Aparecen pintadas en la sede de Filmin tras distribuir un documental sobre altercados del 'procés'

Un fotograma del documental 'ícaro: la semana en llamas'.

Un fotograma del documental 'ícaro: la semana en llamas'. / Filmin

El documental del que habla tanta gente y que ha creado tanto alboroto ('Ícaro: la semana en llamas') tiene una historia muy peculiar. No queda claro, en ningún momento, quién lo ha producido. Al principio de la cinta se habla de la Comunidad Imagine, que es una plataforma de impulso para proyectos "fuera del algoritmo" y que ha colocado un paquete en Filmin que incluye otros productos, me imagino que también alejados del 'algoritmo', algo que no sé exactamente qué quiere decir. Al final, sale la productora independiente LaCaña Brothers. He mirado y remirado su catálogo y resulta que 'Ícaro' no sale por ninguna parte. ¿Lo esconden? Y, como tercer socio del documental, CreaSGR, una entidad financiera que facilita "proyectos de inversión". 'Ícaro' no aparece. ¿También lo esconden? Este publirreportaje sobre la UIP, los antidisturbios de la Policía Nacional que se desplazaron a Catalunya para contener la reacción popular contra la sentencia del 1-O, tiene un recorrido curioso. Rodado y montado en 2022 no se ha estrenado hasta ahora y una de sus directoras ha comentado que “debe servir para que no nos olvidemos”.

Y a fe que lo logra. He tenido la paciencia de mirarlo y ciertamente consigue que recordemos aquellos días convulsos de octubre de 2019. Más allá de los elogios corporativos, de Jupol y de la Confederación Española de Policía, que contemplan el documental como una reivindicación de aquella invasión policial “para proteger los derechos y la libertad de todos los españoles”, el hecho es que el panfleto más bien tiende a la comedia. Me explico. Hay dos fragmentos que me gustaría remarcar. El primero es cuando los soldados españoles (el trasfondo es este: una acción bélica contra un enemigo poderoso, "como el ejército americano liberando Francia") hablan de los que no pudieron venir a Barcelona y de la tristeza que les invadió porque "querían estar ahí", porque "nos gusta y volveríamos a ir si hiciera falta". Es un 'remake' de la famosa arenga de Enrique V antes de la batalla de Azincourt, pasada, eso sí, por la criba de un melodrama donde los antidisturbios lloran como niños ante la enorme tensión de aquella semana donde “nuestros proyectiles eran finitos mientras que los suyos eran infinitos”. Se olvidan de decir, claro, que los suyos eran pelotas de goma y balas de fusiles (que, por suerte, no utilizaron) y que los de los sublevados eran adoquines. El segundo episodio es el del final, cuando los esforzados héroes vuelven a casa después de la batalla. Con música que imita a la banda sonora de 'Gladiator', la cámara repasa los banderines de la sede de la UIP, como si se tratara de la academia de West Point, en un intento de otorgar un aire épico a lo que no fue sino una operación represiva contra una sociedad que protestaba por una injusticia.

Yo no lo quitaría del catálogo de Filmin. Es “sesgado y malo”, como dice Jaume Ripoll, director editorial de la plataforma, pero también nos enseña que se lo tomaron como una guerra. Hicieron que la montaña pariera un ratón ridículo. Es el recordatorio de cómo son y de qué vinieron a hacer.

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