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Opinión | Administración
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El espíritu Adamuz

Pocos días de información y las instituciones parecen haber entendido el error que significa tirarse los trastos por la cabeza a causa de la gestión del otro

Los Reyes de España visitan en Adamuz la zona cero del dolor, el lugar donde descarrilaron y chocaron los trenes

Vagones del tren Iryio siniestrado en el accidente ferroviario ocurrido el pasado domingo. La Guardia Civil está centrada ahora en analizar el vagón seis del tren Iryo, el primero que descarriló el domingo en Adamuz (Córdoba). El número de víctimas mortales en el accidente se eleva ya a 41. EFE/Jorge Zapata. añade texto

Vagones del tren Iryio siniestrado en el accidente ferroviario ocurrido el pasado domingo. La Guardia Civil está centrada ahora en analizar el vagón seis del tren Iryo, el primero que descarriló el domingo en Adamuz (Córdoba). El número de víctimas mortales en el accidente se eleva ya a 41. EFE/Jorge Zapata. añade texto / Jorge Zapata / EFE

Escribo unos días después del accidente ferroviario de Adamuz. De momento la seriedad se mantiene, me refiero a la política, a la periodística, a la social. Es fácil elucubrar para conseguir audiencias y sencillo dejarse llevar por historias que parecen acercarse a un guion de cine. Es cuestión de responsabilidad y de atribución. Este es un término que gravita en el buen periodismo. Se le debería añadir credibilidad, porque mejor que quien declara lo que declare es que se trate de una fuente creíble, por su honestidad y experiencia.

Pocos días de información y las instituciones parecen haber entendido el error que significa tirarse los trastos por la cabeza a causa de la gestión del otro. La explicación puede estar en que la clase política tiene demasiado cerca la mala imagen que se desprendió de los enfrentamientos inútiles durante la dana. Y aunque en aquella ocasión fuera muy evidente el desastre por el que se arrastró Carlos Mazón, centrado en sus ausencias de aquella nefasta tarde, las pullas entre unos y otros mancharon la forma de hacer política.

De momento los bloques de discusión todavía no están claros, pero es muy evidente que existen dos posiciones: la del propietario de las vías (Adif, o sea el Ministerio de Transportes) y la de los trenes (Iryo y Alvia, o sea Renfe). El trabajo de los profesionales de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) se alargará durante meses. Todo lo que se vaya filtrando, de un lado o del otro, podrá tener una génesis profesional o torticera. Es ahí donde la labor periodística resalta por su calidad. A qué hacer caso y a qué no.

Es evidente que existió un error. De no ser así, nada habría ocurrido. Primero se investigarán las causas y después las responsabilidades. Utilizar la información de forma honesta es lo que diferencia a unos de otros. Me refiero, sobre todo, a la ocultación de datos que puedan explicar ese error. Al final, todo se sabe. Parece que algunos responsables políticos no hayan descubierto esta sencilla regla de tres. Es lo que se llama liderar la comunicación con información o controlarla, que en estos casos es fundamental.

Durante los próximos meses los medios vamos a estar sobre el terreno. Primero desaparecerán los nacionales y, poco a poco, los regionales o locales, aunque estos, con mayor conocimiento del terreno, no acabarán de irse. Cualquier momento es bueno para seguir dando contenido informativo. Esa debería ser la única exigencia: información.

Es evidente que se seguirá haciendo un trabajo de auditoría sobre todas las noticias que se generen. Adif será el principal foco, a pesar de las obras que parece que se hicieron de renovación de la vía férrea, o justamente por ello. Óscar Puente, ministro de Transportes, no parece el ejemplo de político sosegado. Cualquier día puede escapársele un comentario. Al otro lado, Juanma Moreno, presidente de la Junta, se la juega por la cercanía de las elecciones. Tiene, de momento, un sentido más institucional. ¿Será verdad que aguantará este espíritu Adamuz? Será una sorpresa.

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