Opinión
Trump y los mitos
En este western del siglo XXI, Trump es el sheriff despiadado que actúa sin más límites que “su propia moralidad”
MULTIMEDIA | Este es el (des)orden mundial de Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Yuri Gripas - Pool via CNP
El mito de la frontera y el mito de la fundación conforman buena parte del armazón ideológico de Estados Unidos. El primero está poblado de valientes exploradores y esforzados granjeros que se adentraron en zonas sin orden y explotaron las tierras. Los ideólogos del New Deal reforzaron el relato para combatir las cicatrices sociales de la Gran Depresión. La industria cinematográfica se sumó al empeño y los westerns apuntalaron la imaginería occidental. Historias de superación y orgullo patriótico en las que, según el filólogo Cesc Esteve, “exterminar a los indios y expulsar a los hispanos habría formado parte de la misión civilizadora”, héroes anónimos que construyeron “un orden social sin clases o castas marcadas, regido por principios cristianos”.
El mito de la fundación sitúa la creación del estado-nación soberano en los “Padres Fundadores”, un grupo de hombres blancos virtuosos. La Guerra Civil tensionó la supervivencia del relato y generó dos tradiciones contradictorias. El mito de la liberación -con Lincoln y los derechos civiles extendidos a las personas negras- y el mito de la Causa Perdida que, según el historiador Richard Slotkin, “celebra el Viejo Sur y su cultura, y justifica la violencia, a veces extrema, primero para defender y luego para restaurar sus estructuras tradicionales de patriarcado y supremacía blanca”. Fue el mito que autorizó la segregación y los linchamientos para “salvar a la civilización cristiana blanca”.
En la contienda electoral que enfrentó a Kamala Harris y a Donald Trump, Slotkin señaló que el político seguía el manual de la Causa Perdida: acusaba a la inmigración de “envenenar” a EEUU y justificaba métodos extremos, incluso la violencia y las medidas autoritarias para salvar al país. También se abonaba al mito de la frontera afirmando que la prosperidad dependía de la conquista y explotación de los combustibles fósiles, despreciando las regulaciones.
Frenar al déspota
Hoy, Trump nutre la mitología. Venezuela y Groenlandia se suscriben al mito de la frontera. Minneapolis sufre la Causa Perdida, donde agentes federales con equipos de combate patrullan las calles practicando arrestos salvajes a migrantes y maltratando a los estadounidenses hasta tirotear a Renee Good. Trump ha justificado su asesinato por ser “irrespetuosa con las fuerzas del orden”.
En este western del siglo XXI, Trump es el sheriff despiadado que actúa sin más límites que “su propia moralidad”. La derecha populista europea anda descolocada. De aspirar a ser los sheriffs de su territorio, ahora les toca el papelón de nativos sumisos. Vox y Aliança Catalana elogian a Trump. Pero, ¿qué diría Abascal si EEUU quisiera el control de los puertos españoles? ¿Recuerda Orriols que Trump afirmó que España “debe permanecer unida"? Como apunta Slotkin, lo verdaderamente admirable de EEUU es “la persistencia con la que su pueblo ha luchado por enmendar la injusticia y hacer realidad un concepto de nacionalidad extraordinariamente amplio e inclusivo”. Urge reescribir un nuevo mito colectivo: frenar al déspota.
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