¿Serán capaces Sánchez y Feijóo de no hablar de vivienda?

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Mi maestro Isidoro Nicieza asegura que el periodismo es una de las formas más interesantes de ser pobre. Es cierto que la máscara periodística nos permite acceder a personas y situaciones muy alejadas de nuestra condición personal. Una condición que rompe el determinismo de las clases sociales impuesto por el marxismo. Desde esta atalaya les puedo decir que en los dos últimos años me ha resultado muy difícil sostener una conversación en la que, en uno u otro momento, no haya surgido la preocupación por la vivienda y por su impacto en los jóvenes, no solo de los estratos más vulnerables, sino también de clase media y de clase media alta. Banqueros, bancarios, sindicalistas, representantes políticos, activistas sociales, alcaldes, ministros, deportistas, cantantes, cocineros, amigos, conocidos y saludados, todos han expresado su preocupación por la falta de vivienda y por la dificultad de acceder a ella, especialmente en la ecuación con los salarios. Por eso resulta sorprendente que este lunes se vayan a reunir el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ganador de las últimas elecciones, Alberto Núñez Feijóo, y que el único tema que hayan acordado tratar sea el de la defensa y el envío de tropas españolas a Ucrania. No olvidemos que, según el Observatorio Social de la Vivienda Prensa Ibérica-Santander, 9 de cada 10 españoles reclama un pacto de Estado sobre este asunto. Y en todos los sondeos esta es la primera preocupación de los votantes.
Les fastidia, pero son socios en Europa
El encuentro de mañana no será fácil. Sánchez y Feijóo no se ven el uno al otro como personas, sino casi como objetos. La deshumanización del adversario para convertirlo en enemigo es una de las lacras que el populismo ha conseguido inocular en los partidos centrales de las democracias liberales, más como correlato del narcisismo dominante que como exigencia de las redes sociales. ¿Con qué cara va a mirar Sánchez al que ha llamado amigo de los narcotraficantes? ¿Y qué mirada le va a devolver Feijóo, que lo acusó de enriquecerse con las saunas de su suegro? Harán de tripas corazón porque el envío de efectivos a Ucrania es un compromiso de los Veintisiete con Zelenski, que solo aceptó resistir a la presión de Trump para que se plegara a Putin si le suministraban fondos -los 90.000 millones que emitirá la UE en deuda mutualizada- y tropas para proteger el territorio si se firma la paz. La socialdemocracia europea y la democracia cristiana han vuelto a unir sus esfuerzos para salvar a la UE y absorber la pérdida del socio americano en la defensa de las fronteras frente a Putin. De manera que Sánchez tiene que saltar, ni que sea por un día, el muro artificial que levantó frente al PP en 2023, y Feijóo tiene que olvidarse de que Sánchez les echó del poder con una moción de censura y le cerró el paso a la Moncloa aliándose con Puigdemont. Veremos cómo pasan el trago, que es principalmente consecuencia de que los que aquí se repelen solo con mirarse son socios en el centro de poder en el que se toman la mayoría de las decisiones que les toca luego administrar.
Otra polarización es posible
Tanto los alquimistas de la Moncloa como los tahúres de Génova aseguran que la polarización es un signo de este tiempo político y que es imposible soslayarla. Para unos, el mundo se divide entre la plutocracia tecnológica que alimenta a la extrema derecha y la gente corriente convertida masivamente en vulnerable. Para los otros, el pensamiento 'woke' destruye la democracia liberal hasta convertirla en una dictadura chavista. Pero hay muchas trazas alternativas con las que organizar la polarización política. Por ejemplo, en un lado está la UE que respeta el derecho internacional -no acepta la alteración de las fronteras en Ucrania con el uso de la fuerza- y que promueve el libre comercio con el Mercosur; y en el otro están Trump y Putin, que violan fronteras y soberanías como nunca lo hicieron Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría y regresan al proteccionismo del siglo XIX que forjó las dos confrontaciones mundiales del siglo XX. Si seguimos esta línea divisoria, en un lado están el PP, el PSOE, el PNV, Junts y la mayoría de Esquerra; y en el otro están Vox, Podemos, una parte de Sumar y el BNG. Hagan números y vean qué bloque tiene mayoría en el Congreso y en el Senado, para trasponer a España la posición igualmente mayoritaria en la UE. Algo parecido les pasaría si hablasen de vivienda, como se pudo ver esta misma semana en el Senado en las intervenciones de los alcaldes Almeida y Collboni, donde fueron más las coincidencias que las discrepancias. Pero eso, como dicen en el programa de Alsina, ¿a quién le interesa?
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