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Opinión | Protestas
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Los iraníes están hartos

Aunque no haya ataque americano, la economía iraní seguirá deteriorándose y acortando la vida de este régimen despótico

Una gran manifestación contra el Gobierno colapsa Teherán: "Muerte al dictador"

¿Qué está pasando en Irán? Claves de las protestas, la represión y la posible respuesta de Trump

Iranians en una protesta antigovernamental a Teheran divendres passat. | AP

Iranians en una protesta antigovernamental a Teheran divendres passat. | AP

En los últimos nueve años ha habido cinco revueltas y el régimen siempre ha respondido con más represión y algún que otro cambio cosmético, pero sin poner nunca en duda los fundamentos del sistema teocrático medieval. Un régimen que prima la pureza de su revolución frente a las necesidades de la gente, y que ha permitido a los Guardianes de la Revolución apoderarse de amplios segmentos de la economía del país. Y los iraníes están hartos.

“Somos como juncos tumbados por el vendaval islamista, pero un día nos enderezaremos”, me dijo hace años alguien en Isfahan. Y siguen igual, aunque algunos piensan que el momento del cambio puede haber llegado porque el sistema no da más de sí. El 70% de la población ha nacido después de la revolución de Jomeini, la retórica revolucionaria no les dice nada y están hartos de oscurantismo, de sanciones, de corrupción, de ineficacia económica, de represión (más de mil ejecuciones en 2025), y de no tener libertad, agua, electricidad o internet. En el fondo, Irán debe elegir si quiere seguir siendo una revolución renqueante o si se convierte en un país normal.

Las protestas las ha iniciado el sector más conservador del país, los comerciantes del Gran Bazar que apoyaron a Jomeini contra el aah, asfixiados por la inflación y la depreciación del rial. Mientras el cambio oficial se ha mantenido en torno a 42.000 riales por dólar, en el mercado paralelo que refleja la realidad sin intervencionismos artificiales ha subido desde un millón de riales/dólar en enero de 2025 hasta 1.460.000 ahora mismo. Y así los comerciantes no pueden trabajar porque no saben a qué precio vender sin que la inflación les meta en pérdidas al reponer 'stocks'. Estas protestas, extendidas a todo el país, se han originado por motivos económicos... que luego han derivado en exigencias políticas, ante la represión y la convicción de la incapacidad del régimen para corregir el rumbo. Los ayatolás culpan de los desórdenes a agentes extranjeros y hay más de 2.000 muertos y 10.000 detenidos, que siguen aumentando.

Tras la Guerra de los Doce Días (junio 2025) hubo un resurgir del sentimiento patriótico en torno a la bandera, pues no en vano Irán es un viejo y orgulloso imperio que no acepta injerencias extranjeras. Pero esa unión se ha acabado. El proyecto de nuevo presupuesto carga sobre la sociedad los sacrificios (menos subsidios, crecimiento de los salarios por debajo de la inflación, más impuestos) mientras los próximos al régimen mejoran, como la desprestigiada televisión pública, que ha multiplicado por cuatro su presupuesto en los últimos años. Y esto en un contexto muy limitado internamente para el presidente Pezeshkian, un figurón 'moderado' al que 'los duros' impiden gobernar, y también con escasas perspectivas para la diplomacia por la “política de máxima presión” de Donald Trump. La gente está harta de que Jamenei, el Líder Supremo, anteponga los objetivos de la revolución por encima de las necesidades de los ciudadanos mientras la clase media se hunde. Sobre todo cuando ni chinos ni rusos acudieron en su ayuda tras los bombarderos del año pasado y Teherán ha perdido su red de apoyos regionales: Hezbolá, Hamás y Siria. Pero la oposición está dividida, el hijo del Sah no parece capaz de aglutinarla (Trump no ha querido recibirle) y los todopoderosos Guardianes de la Revolución Islámica siguen leales a los clérigos. Al menos, hasta ahora. Y sin ellos no hay otra revolución que valga...

Estoy seguro de que Teherán mira con más envidia que nunca la capacidad nuclear de Pyongyang que la hace intocable, pero tratar de obtener la bomba ahora sería invitar a la fiesta a americanos e israelíes. Y no se la perderían.

Irán tiene delante tres escenarios posibles: el régimen se enroca y reprime, que hoy por hoy parece lo más probable; el régimen se reforma, algo que Jamenei no parece capaz ni deseoso de hacer; o el régimen colapsa, como desean cada vez más iraníes. Sin olvidar otra posible intervención de israelíes y norteamericanos, que ya deben estar haciéndola de tapadillo, y que no ocultan las ganas que les tienen a los ayatolás aunque también, como los países árabes del Golfo, temen provocar una extensión del problema a los chiítas de Irak, el estrecho de Ormuz, precio del petróleo, ataques a Israel y bases americanas, etc.

En todo caso, y aunque no haya ataque americano, la economía iraní seguirá deteriorándose y acortando la vida de este régimen despótico.

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