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Opinión | Desperfectos
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El teatro de Trump

No es lo mismo negociar un gran complejo inmobiliario que contribuir al cambio de régimen en Venezuela o Irán

Groenlandia y Dinamarca reconocen que persisten los "desacuerdos fundamentales" con Trump tras la reunión en Washington

Trump alienta las protestas en Irán y llama a "tomar las instituciones": "La ayuda está en camino"

President Donald Trump speaks during an event to promote investment in rural health care in the East Room of the White House, Friday, Jan. 16, 2026, in Washington

President Donald Trump speaks during an event to promote investment in rural health care in the East Room of the White House, Friday, Jan. 16, 2026, in Washington / AP Photo/Alex Brandon

A quienes Trump les seduce, todo lo que haga les cae va bien y nada les cae bien a quienes les repele. En la franja intermedia, de cada vez más ancha, casi todo lo que hace desconcierta y alarma. Ocurre incluso en el electorado MAGA que le era tan adicto y a quienes les había prometido abstenerse de toda intervención exterior, del mismo modo en que el viejo partido republicano está comenzando una rebelión por etapas.

En Europa, el centro-derecha clásico no se fía de Trump y en la derecha de la derecha hay confusión, con Giorgia Meloni marcando la pauta. El personaje Trump no ayuda a asimilar la nueva política exterior de los Estados Unidos: su teatro es excesivamente efectista, improvisado, insultón, desdeñoso y vengativo. Trump se agita demasiado, habla demasiado, se contradice demasiado. Le iría mejor tener cara de póquer y modos diplomáticos, que no son incompatibles con mandar en el mundo.

No es lo mismo negociar un gran complejo inmobiliario que contribuir al cambio de régimen en Venezuela o Irán. Siempre es aconsejable no incitar abiertamente a una revuelta contra el poder –por injusto que sea- en otro país. En Hungría, la revolución democrática contra el régimen comunista en 1956 fue alentada por la inteligencia norte-americana pero al final no hubo la ayuda que los líderes de la revuelta esperaban. El final fue trágico. En 1961, un ejemplo fue la operación encubierta en Bahía de Cochinos contra Castro. Puede suponerse que el fracaso afianzó al castrismo, que pronto se dedicaría a arruinar los cubanos.

No parece que Trump asuma estos precedentes cuando promete asistencia a las protestas del pueblo iraní contra el régimen de los ayatolás ni cuando anuncia para pasado mañana la caída del castrismo. En el caso de Venezuela, la cesión de poderes a Delcy Rodríguez tal vez haya sido necesaria para evitar uno de esos vacíos de poder que casi siempre han sido catastróficos, pero dilata las elecciones generales y la reconstitución del Estado de derecho.

La presidencia Trump tiene algunos años por delante y eso es un menú muy indigesto para la Unión Europea, especialmente cuando los sucesores potenciales son el vicepresidente Vance –muy ideologizado- y Marco Rubio, más pragmático. Groenlandia tal vez acabe en nada y tampoco esa salida es satisfactoria, porque por ahí anda la flota rusa desde siempre y ahora también el imperio chino mueve sus piezas. Lo que pudiera haber sido una revitalización de la OTAN por ahora tiene más de escena bufa, com Macron intentando imitar al general de Gaulle y con un envío de tropas que no bastaría para disuadir a Marruecos en el islote de Perejil.

Quedan años de dramaturgia trumpista y quizás vaya desinflándose por un efecto de la realidad sobre la retórica de baja estofa, pero todo es impredecible. Para algunos, la OTAN está en la plena agonía; para otros, todavía se pueden salvar los muebles. Por ahí, entre el Air Force One y la Casa Blanca, corretea el ego inmensurable de Donald Trump. Son tiempos necesitados de la paciencia de Job para darle consistencia a lo que no la tiene y seguir pedaleando para que la bicicleta no se caiga.

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