Toca melonizar a Abascal
Las fotografías de hace dos semanas entre la primera ministra italiana y el líder de Vox, la visita de ella a su residencia de Madrid, no son casualidad
Santiago Abascal y Georgia Meloni, al volante: el vídeo viral de ambos políticos subidos a un mini

Abascal y Meloni.
Se avecina, eso dicen las encuestas y las apuestas, un cambio de era en la política española. Tardará seis, doce o dieciocho meses; pero, solo los sanchistas más fervorosos están convencidos de que los astros se volverán a alinear para permitir que el proyecto Victor Frankenstein pueda continuar.
Este cambio de era pasa, como ya han anticipado muchas autonomías, porque en Madrid -léase, carrera de san Jerónimo- el PP logre alcanzar el gobierno con el apoyo de Vox. Esto pasará, sí o sí, con que Vox tenga sus ministros y, quién sabe, un vicepresidente. Al fin y al cabo, si el PSOE le dio una vicepresidencia a una comunista, Yolanda Díaz, y ministerios a quienes la masacre cometida por los ayatolás iraníes contra su población les importa un bledo, que más da que la ultraderecha tenga carteras. La otra opción, que un PSOE -desangrado, herido de muerte y ya sin Pedro Sánchez- pacte con el PP un gobierno de coalición, solo lo desean los utópicos e ilusionistas. Si Sánchez -habiendo ganado Alberto Núñez Feijóo las elecciones- no quiso hacerlo en 2023, ¿por qué tendrá que ocurrir en un futuro cercano?
Para empezar a preparar este cambio ya ha empezado la campaña para reformular y matizar la marca presidida por Santiago Abascal. Y a eso, los voceros mediáticos de los medios de centro derecha y derecha extrema que tanto abundan en la capital de España, lo están bautizando oficiosamente con una bonita expresión: «toca melonizar a Abascal.»
Esto no significa, como pensó una persona a quien le mencioné esta frase, colocar dos melones al político vasco (nació en Bilbao en 1976), sino intentar que el jefe de la ultraderecha gire un poco el volante hacia la derecha, tal como lo ha hecho Giorgia Meloni en Italia. La lideresa transalpina, primera ministra de su país desde octubre de 2022 gracias a pactos con otras formaciones, admiradora del creador del fascismo, Benito Mussolini, no actúa ni dice lo mismo que ayer. Antes, su discurso político albergaba todos los tics del autoritarismo y antieuropeísmo nacionalista. Ya antes de su victoria electoral fue depurando, al menos en las formas, unos mensajes que ha seguido moderando, política exterior incluida, desde que se instaló en el Palacio Chigi, la Moncloa italiana.
Las fotografías de hace dos semanas entre Meloni y Abascal, la visita de ella a su residencia de Madrid, no son casualidad. La campaña está en marcha para demostrar que Vox es un sonriente cordero con piel de lobo. Que no hay que temerlo porque, «mire usted», Italia nunca había estado tan estable y tan bien gobernada. No es táctica, sino estrategia. Ir ganando peso electoral en las próximas elecciones autonómicas, volver a negociar todo donde haga falta (ahí andan en Extremadura y otro tanto pasará en Aragón, Castilla León y Andalucía a lo largo de este año), y esperar la traca final cuando toquen las generales. Un Vox melonizado antes de tiempo para no asustar. Da igual que el cordero tenga colmillos afilados o que España e Italia, aun parecidos, tengan diferencias sustanciales, empezando por la gobernanza territorial.
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