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Opinión | Ágora
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Doble o nada urgente a nuestro presupuesto en I+D

La cuestión científica y tecnológica desempeña un papel fundamental en los desafíos sin precedentes ante los que se encuentra ahora Europa. Sin embargo, pasan los años y en España seguimos anclados en la cola de la apuesta por la I+D: necesitamos ya una apuesta decidida por un crecimiento sustancial de nuestro sistema de ciencia

Uno de los laboratorios del Instituto Bernabeu.

Uno de los laboratorios del Instituto Bernabeu. / INFORMACIÓN

Los acontecimientos en política exterior nos han hecho olvidar de manera abrupta las fiestas navideñas. Los balances, nostálgicos o no, del año que acaba de marcharse y los deseos para el que comienza se han visto desplazados por las noticias más urgentes. Pero este contexto actual de incertidumbre no hace otra cosa que destacar la importancia de que España, dentro de Europa, cuente con un sistema de ciencia y tecnología robusto y con visión a largo plazo.

La cuestión científica y tecnológica desempeña un papel fundamental en los desafíos sin precedentes ante los que se encuentra ahora Europa, por su dependencia de EEUU o su competencia con China, un escenario al que España no es ajena desde ninguna perspectiva. Sin embargo, nuestro país sigue a la cola de la apuesta por la I+D dentro de la Unión Europea, con pocas esperanzas de acercarnos a una situación que se pueda asemejar a la de la mayoría de los países con los que queremos compararnos. No hay discusión en que los países más prósperos lo son porque apuestan decididamente por la I+D.

En lo que respecta a las carencias en la inversión en ciencia, en España hablamos de una situación casi sistémica y mantenida en el tiempo, a pesar del aparente consenso que podría deducirse de las declaraciones –que no de las acciones- de nuestras fuerzas políticas. Aunque en los últimos años hemos recuperado algo de la inversión en I+D perdida durante la crisis (tocamos fondo con solo un 1,2% del PIB invertido en 2016), ello es claramente insuficiente. Nuestro Gobierno proclama abanderar una apuesta sin precedentes por la I+D que nos coloca en una dedicación de 1,5% del PIB, según el último informe COTEC publicado en 2025, cuando en 2010 la I+D se situaba en el 1,4% y pretendíamos alcanzar más de un 2% en 2027.

La Agencia Estatal de Investigación quiere convencernos de que se dedica más presupuesto que nunca al Programa de Generación de Conocimiento, que alimenta la parte fundamental de los proyectos de investigación de nuestra comunidad científica y del mantenimiento en acción de nuestros laboratorios, pero el número de grupos de investigación que se queda sin poder investigar por falta de financiación se incrementa cada año, y la cuantía que se dedica a cada proyecto apenas permite alcanzar sus objetivos. Mientras tanto, la universidad pública recibe cada vez menos apoyo mientras la privada renuncia abiertamente a investigar, cuando la investigación es crucial para que la formación de nuestros jóvenes lleve el ADN de la I+D a las empresas y a todas las instancias de desarrollo de la sociedad presente y futura.

Tenemos una comunidad de jóvenes investigadores con más potencial que nunca, tras formarse en los mejores centros de investigación internacionales, a la que no permitimos contribuir al desarrollo de nuestra ciencia y tecnología por la falta de condiciones mínimamente dignas que les permitan retornar a nuestro país.

La situación es particularmente preocupante cuando ahora se cierra el periodo de disfrute de los recursos europeos puestos en juego a través de los fondos de recuperación y ello va a tener repercusión en la discontinuidad de programas de I+D que se habían iniciado aprovechando estos fondos. Si durante un periodo de economía favorable, asociada a un crecimiento del que hemos presumido frente a nuestros vecinos europeos, solo hemos conseguido incrementar nuestro PIB de I+D en un exiguo 0,1%, ¿qué pasará cuando ya no tengamos el colchón de fondos europeos? Necesitamos urgentemente una apuesta decidida por un crecimiento sustancial de nuestro sistema de ciencia, acorde a su verdadero potencial, que pase por un incremento sustantivo del Programa de Proyectos de Generación de Conocimiento.

¿Por qué no duplicar el presupuesto dedicado a los programas más importantes de nuestra I+D? Ello permitiría cubrir el coste real de las propuestas investigadoras más competitivas, o al menos acercarnos a ello, y a la vez incrementar el número de grupos de investigación, atrayendo, incorporando y consolidando todo ese talento que se mantiene a la espera de oportunidades.

Experiencias contrastadas en comunidades autónomas como Euskadi o Catalunya, con una consolidada trayectoria inversora, y Galicia y Asturias, que van ganando cada vez más peso en I+D, muestra cuánto puede multiplicarse una apuesta firme en términos de fondos de investigación atraídos y de producción de la mejor ciencia y tecnología. Además, necesitamos nuevos instrumentos que atraigan a la I+D también a las empresas, para que el sector privado se sume a esa apuesta que nos acerque, y por qué no, sobrepase, los números de nuestros socios en la UE.

Afrontamos un periodo de gran incertidumbre política, nacional e internacional, pero es en este contexto donde la apuesta por la ciencia y la I+D se hace más necesaria que nunca. Es el momento de convertir en realidad el objetivo, refrendado -al menos de palabra- por todas nuestras formaciones políticas en el tantas veces reivindicado Pacto por la Ciencia: hacer de la I+D un motor de nuestra economía, de nuestro progreso como sociedad y de nuestro futuro.


Perla Wahnón es presidenta de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE)