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Opinión | Gárgolas
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1.365 versos

'Nabí' es mucho más que la transcripción poética del relato bíblico, es un ejercicio excelso de prodigio verbal, una obra magna que se adentra en el fondo de las inquietudes humanas

Josep Carner.

Josep Carner. 

Por un encargo, he leído con intensidad el largo poema 'Nabí', de Josep Carner, 1365 versos que narran la historia de Jonás, el profeta que negó la Voz, la de Yahvé, que le conminaba a ser anuncio de la devastación de Nínive, y que afrontó océanos y desiertos huérfano de esa Voz y, al mismo tiempo, sin poder ahuyentarla de su interior. Es el profeta que permaneció tres días en el interior de “la garganta más negra” de un pez enorme y que después emprendió el camino de la rendición y de la redención. 'Nabí' es mucho más que la transcripción poética del relato bíblico, es un ejercicio excelso de prodigio verbal, una obra magna que se adentra en el fondo de las inquietudes humanas. Es “una de las cimas de la poesía en lengua catalana, la cúspide de la pirámide”, como afirma Jaume Coll Llinàs, profesor emérito de la UB y autoridad máxima en Carner.

Coll, curador de una edición facsímil, pulcrísima, de la primera edición de la obra, en castellano, fechada en México en 1940, lo afirma en el epílogo. No fue hasta el año siguiente que, también en el exilio, se imprimió el original catalán, en Buenos Aires. Una travesía anómala y novelesca de una pieza fundamental de nuestra cultura. Castellano y catalán conviven, a juicio de Coll, en una especie de movimiento de inspiración y expiración, y se ha dado el caso de que ambos "nabís" han vuelto a ver la luz a finales de 2025. La "bellísima escritura, la profundidad de pensamiento", dice Coll, “y la capacidad imaginativa del poeta”, se concretan en un mecanismo lingüístico que te aturde y que exige al lector una contemplación activa.

Les hablo de 'Nabí' porque estos dos libros (uno solo, de hecho, un mar donde se agitan las pasiones humanas y los designios divinos) conforman un momento clave de la civilidad frente a la barbarie. Más allá de las múltiples facecias, de las innumerables lecturas, les recomiendo que se detengan (se puede ver en YouTube) en la declamación que Narcís Comadira hizo del canto décimo de 'Nabí'. Dejen que se les lleve la música, el “maternal desvelo” de las cosas importantes.

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