Blanco y en botella
Las marcas blancas han copado así el arco aspiracional de cualquier consumidor: necesidad, deseo, exclusividad y ahorro
La marca blanca ya acapara casi la mitad del presupuesto en el supermercado

GENTE COMPRANDO EN SUPERMERCADOS / EPA
A principios del siglo XX, las ciudades españolas vivieron una pequeña revolución: la leche embotellada. Coincidió con los avances en higiene, pasteurización y transporte, y permitió comercializarla de forma más segura. La botella translúcida se convirtió en un símbolo de lo obvio, tanto que nos dejó una frase que aún usamos: “blanco y en botella, leche”. Algo que no admite discusión.
Hoy, la botella ha desaparecido y el tetrabrik ocupa su lugar. Pero la expresión sigue viva… aunque por motivos distintos. Si ese líquido blanco y cerrado es leche, ¿por qué pagar cuarenta o cincuenta céntimos más solo por llevar estampada una primera marca? Esa cifra puede parecer insignificante, pero sumada a otros pequeños gastos termina mermando economías ya de por sí ajustadas.
El éxito de la marca blanca es sencillo: lo básico. Pan, leche, huevos, yogures, papel higiénico… Productos que necesitamos, pero que no deseamos. Sin deseo de por medio, basta con cubrir la necesidad. El escaso margen para el lujo que nos deja la cesta de la compra lo reservamos para un chocolate de importación, no para un papel higiénico de marca premium.
Ahora, incluso el pequeño lujo alimentario también es de marca blanca. Las grandes distribuidoras han conseguido la cuadratura del círculo: la marca dorada de la marca blanca, una línea exclusiva para sentirnos alimentariamente menos precarios. Los productos que lanzan son tendencia en redes, santo y seña del márketing moderno.
Las marcas blancas han copado así el arco aspiracional de cualquier consumidor: necesidad, deseo, exclusividad y ahorro.
Este movimiento ha descolocado a fabricantes de toda la vida. La única baza para competir que les queda es igualar las ofertas agresivas de la marca distribuidora o, en muchos casos, trabajar directamente para ella.
Basta mirar la letra pequeña de los productos que consumimos cada día: muchas marcas reconocidas son las que elaboran las “no marcas”. Una estrategia para diversificar ingresos, aprovechar la capacidad productiva y asegurar ventas en grandes supermercados, sin que su propia marca pierda prestigio.
Al final, en el supermercado, prima la infidelidad a tres bandas: el consumidor que cambia de producto según el precio sin remordimientos; el fabricante que traiciona su propia marca disfrazándola de marca blanca; y el distribuidor, el 'gigoló' maestro del juego, que convierte la necesidad en deseo.
Suscríbete para seguir leyendo
- Un detenido con 500.000 euros en efectivo asegura que ha vendido un cuadro de Monet
- Meliá cierra tres hoteles e Iberia y Air Europa paran a repostar en República Dominicana: así navegan las empresas españolas la crisis en Cuba
- El gigante europeo de los centros comerciales vende la mitad del Splau de Cornellà
- Anticorrupción abre la puerta a rebajar aún más su petición de cárcel para Aldama en función de lo que declare en el juicio
- Sete Gibernau ficha a Dani Pedrosa y Juan Carlos Ferrero como embajadores de su empresa de 'metaciudades' virtuales
- Lista completa de concursantes de 'Supervivientes 2026': de una actriz de 'La que se avecina' al cantante más polémico, con fichaje del clan Campos incluido
- Un juzgado de Barcelona eleva a Europa la ley catalana que blinda el ruido de patios escolares
- Warren Buffett, hace 8 años: “Las criptomonedas tendrán un mal final”
