Naciones Tullidas
Ante Trump, la Unión Europea tiene un papel de comparsa, irrelevante, una parodia de aquello que tendría que haber sido
La economía de Venezuela, en el limbo y dependiente de la estrategia de Trump
Trump podría ampliar las bases y desplegar más soldados en Groenlandia, pero prefiere desafiar a los aliados

Lucía Feijoo Viera
Probablemente, nunca ha sido tan evidente el fracaso de las Naciones Unidas como organismo encargado de velar por la paz y la seguridad mundial. Donald Trump la ha desnudado del todo o, sencillamente, ha hecho evidente su absoluta falta de autoridad.
Era obvio en el Líbano, por ejemplo. Desde hace años. Y desde hace cuatro días se ha constatado en Siria, en la frontera con Israel. Una frontera movediza que Israel ha modificado de facto unilateralmente 15 kilómetros adentro, más un perímetro de influencia de 50 kilómetros adicionales, como de Barcelona hasta Manresa. Israel parece el mascarón de proa del nuevo orden mundial.
Pero ha sido la caza y captura de Nicolás Maduro lo que ha golpeado al mundo occidental, al conjunto de las democracias liberales. Trump no está para puñetas ni convencionalismos de ningún tipo. Hace lo que quiere porque lo puede hacer, porque tiene el poder, la fuerza para hacerlo, sin subterfugios. Aunque inicialmente lo justificara acusando a Maduro de narcotráfico y terrorismo. Una falacia que compraron acríticamente el grueso de los medios.
El alcalde Albiol –por algo arrasa en Badalona- fue de los primeros en señalar su disconformidad con las verdaderas intenciones de Trump, que nada tienen que ver con la defensa de la democracia, ni con el narcotráfico.Tampoco con acabar con el terrorismo. De hecho, Trump se ha erigido en el terror global, viste el pánico que ha provocado la sorprendente captura de Maduro. En resumen: intervención y control de las más grandes reservas de petróleo mundiales. No hay más.
Ahora, cuando apunta a Groenlandia, todo el mundo se estremece. Se la quiere quedar y se la quedará, de una forma o de otra. Es cuestión de tiempo. ¿Y qué harán las Naciones Unidas, en su caso? Nada. A lo sumo una resolución, la enésima. Tantas se han hecho sobre Palestina que ya todo el mundo ha interiorizado que son puramente formales, retóricas.
¿Y la Unión Europea? Papel de comparsa, irrelevante, una parodia de aquello que tendría que haber sido. Es el club de las naciones tullidas. Ahora, acojonadas, al constatar que uno de los socios fundadores, Dinamarca, tiembla.
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