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Este clamoroso silencio

¿Por qué la prensa occidental no pone sus ojos en lo que pasa en Irán? Porque no sabe cómo actuar cuando se trata del Islam

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Leonard Beard.

Leonard Beard. / 5

Hace unas horas que circulan unas terribles imágenes de las matanzas que se están produciendo en Irán. A pesar del bloqueo de las redes que impone el régimen, algunos vídeos consiguen filtrarse y permiten imaginar la dimensión de la revuelta y el horror de la tragedia.

Uno de ellos es un vídeo grabado el pasado día 9 ante el Centro Médico Forense Kahrizak de Teherán, donde centenares de cuerpos de manifestantes asesinados llenan la explanada, mientras una muchedumbre de personas busca desesperadamente a sus familiares caídos. Las noticias hablan de 400 cadáveres solo en Kahrizak, pero nadie puede dar un número mínimamente preciso de víctimas en todo el país, si bien las cifras más conservadoras se elevan, a estas alturas, hacia las 4.000 “Disparos directos en la cabeza de los jóvenes”, informa el medio @iranintl_en, que acostumbra a tener la información más confiable, pero las manifestaciones no solo no se paran, sino que son tan masivas que ya se considera la revuelta más importante desde la llegada de los ayatolás, en 1979. El régimen está desplegando todas sus fuerzas represivas, desde los diversos cuerpos policiales hasta la guardia revolucionaria, pasando por la temible fuerza paramilitar Bassij, formada por voluntarios de paisano, sin placa, ni uniforme, que entran en las manifestaciones a pie o en moto, armados con palos, porras y armas de fuego real. Fueron los verdugos de la revuelta de 2022, la chispa de la cual fue el asesinato de la joven kurda Mahsa Amini, vapuleada hasta la muerte por la policía religiosa por no llevar “adecuadamente” el hiyab. Iniciada por los comerciantes del Gran Bazar del distrito de Felestin, a raíz de la caída dramática del rial, que llegó al delirio de los 1.470.000 millones por dólar, bien pronto mutó en una protesta general que unía la crisis económica con la lucha política contra el régimen. En estos momentos, la revuelta es completa en todo el país y la represión desaforada del régimen ha entrado en su fase más letal.

Mientras el clamor de los iraníes sublevados se convierten en un grito atronador, la respuesta de Occidente bascula entre la tibieza política y el silencio clamoroso de los medios, además de la iniquidad de una izquierda que solo se moviliza si pueden culpar a los norteamericanos o a los israelíes de cualquier maldad. “No jews, no news”, se aplican los Pablo Iglesias de turno, en sus exaltaciones justicieras, y nunca están en la defensa de las causas que no entran en su canon ideológico. Al contrario, en estos casos se ponen junto al verdugo. Ayer mismo Mélenchon, el líder de la izquierda francesa, clamaba por la liberación del dictador Maduro, indignado con los perversos yanquis, pero ni una sola palabra sobre la revuelta dramática de los iraníes.

Más allá de esta izquierda cada vez más caduca y reaccionaria, hay que preguntarse por el comportamiento de la prensa, tan exacerbado en otras ocasiones y ahora tan indiferente. El ejemplo más brutal es TV3, que literalmente enloqueció durante la guerra de Gaza (con la información más sesgada de toda Europa), y ahora practica una indiferencia indignante. ¿Por qué la prensa occidental no pone sus ojos en lo que pasa en Irán? Porque no sabe cómo actuar cuando se trata del Islam. Lo afirmaba en una reflexión muy lúcida la abogada iraní Tahmineh Dehbozorgi: “Los medios liberales occidentales ignoran la revuelta iraní porque explicarla obligaría a admitir lo que quieren evitar desesperadamente: el pueblo iraní se está rebelando contra el Islam mismo, y este hecho rompe el marco moral a través del cual estas instituciones entienden el mundo”. Este es el punto. Los iraníes no están luchando, bajo riesgo de morir, contra una crisis económica. Están luchando contra un sistema clerical islámico que trata la libertad como un crimen y la ataca en todos sus aspectos: los hábitos, la familia, las mujeres, las costumbres, la economía. Es contra el Islam ideológico que luchan los iraníes, pero lejos de entenderlo en términos ideológicos, Occidente racializa el Islam y lo convierte en un tipo de identidad racial, uniforme e intocable. Al final, para poder hablar de lo que pasa en Irán tendrían que saltarse la norma que se han autoinfligido: no se puede criticar el Islam. Y cuando los iraníes lo hacen y se sublevan, no entienden, no saben, no informan.

Es Irán, es la revuelta, es la lucha antigua, secular, trágica por la libertad, en las calles de Caracas o en las de Teherán, como decía Camus, la única lucha que realmente tiene sentido.

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