Lo que nadie les va a contar del nuevo modelo de financiación autonómica

Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos / 5
Peter Berger y Thomas Luckmann marcaron la sociología de la segunda mitad del siglo XX con su obra 'La construcción social de la realidad' en la que, entre otras sabias afirmaciones, defienden que la convivencia humana exige un mínimo de hipocresía para ser viable. Si todos decimos en todo momento todo lo que pensamos, resulta imposible el acuerdo y la conllevancia. En política, el exceso de hipocresía conduce al cinismo. Y la ausencia de hipocresía alimenta el autoritarismo. El siglo XXI es tiempo de transparencia, enemiga de la hipocresía. Y los “hombres fuertes” hacen se esa supuesta autenticidad uno de sus atributos fundamentales. Si visionan el vídeo de la entrevista que ha hecho el equipo de 'The New York Times' a Donald Trump lo verán en su máxima expresión de transparencia y autenticidad. La semana nos ha regalado uno de los ejercicios más cínicos de hipocresía de la política española, como es el debate sobre el nuevo modelo de financiación autonómica. Mientras, la operación de Trump en Venezuela empieza ser comprensible si lo entendemos como un ejercicio de política exterior sin el mínimo de hipocresía que exige el derecho internacional.
Todos querrían lo que saben que no tendrán
Si atendieran a sus intereses meramente territoriales, los presidentes de las comunidades autónomas deberían distanciarse de lo que defienden sus partidos a nivel estatal en lo que se refiere a la propuesta de nuevo modelo de financiación autonómica que han puesto encima de la mesa Pedro Sánchez, Salvador Illa y Oriol Junqueras. Más de un presidente en las filas del PP confiesa en privado que el mero hecho de que se revise un sistema caducado desde el 2014 ya sería un beneficio para sus ciudadanos. Y más de un presidente, o candidato, en las filas del PSOE reconoce entre susurros que la propuesta incluye algunos peligros para sus territorios, especialmente si volvemos a tener otra crisis financiera o si se acentúan determinadas dinámicas demográficas como la despoblación o el envejecimiento. Si se impusiera la transparencia y la autenticidad, el debate sería otro porque los que hacen la propuesta saben que no incluye el principio de ordinalidad como tal y los que dan por muerta la solidaridad, olvidan que si los cálculos sobre lo que se da y lo que se recibe se hacen con el complejo concepto de “población ajustada” ya se incluye un fuerte correctivo que unos pueden considerar excesivo y otros escaso, pero en todo caso correctivo. Pero eso sería hilar demasiado fino. Se impone la brocha gorda en un debate de paralelas infinitas en el que unos anuncian el asalto a los cielos, que saben que no es tal, y otros el descenso a los infiernos que igualmente saben que no es tal. España es víctima de que hay demasiada gente que vive de intentar destruirla o de intentar salvarla. Unos se retroalimentan a los otros y no hacen otra cosa que alimentar la desafección por exceso de cinismo. De igual manera que el PSOE y Esquerra saben que no prosperará el modelo que ahora proponen, el PP y Junts saben que lo podrían proponer dentro de unos años, o meses.
Trump despoja de hipocresía a la diplomacia
En la verborrea trumpista cuesta de identificar los pilares de sus decisiones. Pero, una semana después, todo indica que el asedio a Venezuela persigue como objetivo fundamental que las petroleras norteamericanas exploten las reservas de este país. Y los hermanos Rodríguez le han dado más garantías de asegurarlo que la pobre María Corina Machado. La autenticidad de Trump ha dejado en evidencia la hipocresía de Podemos con el chavismo y de la FAES con la oposición. Movimientos de este tipo convierten al personaje en un antisistema, cosa que le supone réditos electorales a corto plazo. Pero la política, y sobre todo las relaciones internacionales son inviables sin esa hipocresía que reclamaban Berger y Luckmann. De manera que, a medio plazo, Trump se puede quedar sin aliados incluso cuando los necesite. Un mal negocio. La definitiva firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur les convierte en la principal área comercial del mundo. Y la que ha sido la primera potencia ni está ni se le espera.
En este juego de espejos entre autenticidad e hipocresía, el periodismo juega un papel fundamental. Y una u otra manera de ejercerlo acaba por favorecer a los cínicos o a los hombres fuertes. Por eso me quedo con una frase de Emma Tucker, directora de 'The Wall Street Journal' que ha recibido esta semana el premio internacional del diario 'El Mundo': “nos deberíamos esforzar más en informar que en crear polémicas”. La verdad, si existe, debe estar en un punto medio entre la autenticidad impostada y la hipocresía desbocada.
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