La moral o la ley
Entre demócratas y autoritarios, la diferencia entre ellos dos empieza a ser insignificante

El presidente de EEUU, Donald Trump. / BONNIE CASH / POOL / EFE
Afirmar hoy que EEUU sigue siendo el faro global de las libertades y la democracia, es mucho decir. En solo siete días Donald Trump ha secuestrado a Nicolás Maduro, un autócrata que sometía y torturaba a los venezolanos que no pensaban como él. Aunque la razón no ha sido esa, sino que quiere explotar su bolsa de petróleo. Ha amenazado a Dinamarca, un aliado de la OTAN con un gobierno de calidad democrática impecable, poniendo las pistolas sobre la mesa si no le entrega Groenlandia. De paso ha mandado mensajes a Cuba, Colombia y México, para que ahora que han visto las barbas del vecino cortar, vayan poniéndose en fila. Y por si fuera poco ha anunciado en el diario de mayor influencia global que la única ley que respeta es la que le dicta su moral. Rodeado de sumisos, parece que esa moral le reconcomía por las noches cuestionando qué hace el país más poderoso del mundo en las organizaciones multilaterales cuando tiene la fuerza por la mano y ha mandado salir de todas. Y esa misma moral que pretendía parar las guerras y merecer el Premio Nobel de la Paz, ha indultado esta semana a los asaltantes del Capitolio y solicitado subir el gasto en defensa a un billón y medio de dólares anuales, una cifra --para entenderla--, con una docena de ceros detrás.
Siete días de miedo, donde curiosamente no han tenido espacio los informes de las citas que le preparaba el pedófilo y proxeneta Epstein. Su moral pasa de largo por ahí, como pasa de la democracia y la libertad, y no solo hacia afuera. En EEUU es capaz de defender a un agente de las patrullas creadas para perseguir inmigrantes que disparó y mató a una mujer indefensa en Mineápolis, a la que todo su gobierno ha descalificado como una activista de izquierda radical ¿No es exactamente eso de lo que acusábamos a Maduro, de perseguir a quienes no piensan como él? Entre demócratas y autoritarios, la diferencia entre ellos dos empieza a ser insignificante. Ahora lo que cuenta es la moral y la de Trump, elevada a nuevo marco político global solo diferencia entre poderosos y sumisos. Esa es la nueva ley.
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