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Opinión | La Calle Nueva
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Trump: ¿el rey está desnudo?

Él aspira a mandar en todas partes, aquí también, ya lo verán, y lo hace con la burla a la que lo invita la venganza

Trump asegura que Venezuela comprará exclusivamente productos fabricados en Estados Unidos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / GOBIERNO DE EEUU

Donald Trump atendía como si estuviera contemplando una película de dibujos animados, o de terror. Era el asalto al cuarto en el que dormían el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su mujer.

El resultado de ese filme, que él estaba viendo con sus altos cargos, incluido el alto cargo militar, fue el desmantelamiento del Gobierno de Venezuela, del que en seguida Trump se hizo cargo. La sucesión ya se conoce: la nueva presidenta es la vicepresidenta que tuvo Maduro. Este reside ahora con su esposa en una cárcel de Nueva York, esperando sentencia por cargos que pueden llevarle, al menos a él, a un encarcelamiento de por vida.

Cuando el ya expresidente y su pareja estaban a recaudo de la justicia norteamericana, el presidente de EEUU, ahora jefe de todo en Venezuela, se asomó a las pantallas para contar cómo fue aquello, de qué manera percibió él mismo el extraordinario trabajo de sus tropas, de sus aviones, de sus súbditos.

Para explicar el desenlace del principal episodio de esta película que a él le produjo regocijo, Donald Trump levantó la mano izquierda, la expuso para referirse a un gesto con el índice de aquella mano (de arriba abajo) y explicó de qué manera agarraron sus fuerzas militares a las personas que iban buscando.

Fue el principio de un encarcelamiento brutal del que ahora tiene crónica, e imágenes, el mundo entero. Ahora todo lo que se sabe también parece una película. Como aquella que, el 6 de enero de hace cinco años, se filmó dentro y fuera del Capitolio, donde un grupo inmenso de seguidores de Donald Trump fue a romper la sede del pueblo de Estados Unidos. Aquel momento de la historia de ese gran país no se borrará jamás de la vergüenza mundial. Y es, siempre lo será, una desvergüenza.

Todos tenemos, seguramente, una imagen nítida de aquel momento. En aquella ocasión, como todavía no había materia suficiente para filmar, la televisión nos fue dando imágenes alternativas. A veces aparecían aquellos brutos que querían defender a Trump porque le habían robado las elecciones, y otras veces aparecía el pronto presidente de los Estados Unidos en una fiesta que residía en su propia sede gubernamental. Como si fuera un calco de este tiempo, un grupo de personas, como aquellas que, con Trump, seguían el proceso de encarcelar a Maduro, allí, en la Casa Blanca de ahora, había altos cargos que señalaban a las cámaras como si estas fueran el espejo de una película.

En medio de aquella transmisión que daba escalofríos se produjo un pequeño episodio que jamás he olvidado en mi vida. Trump estaba al otro lado de la inmensa estancia. A su lado se puso de pronto su hijo mayor, el que sale con más frecuencia en sus apariciones con parientes, y le dijo algo al oído. A veces los oídos suenan lejos, a veces están al lado, sobre todo si en la segunda secuencia uno ve cómo el hijo lleva a su padre, marcados ambos ya por el regocijo, a ver cómo se rodea el Capitolio de fieles que no quieren que Trump pierda lo que ya tenía perdido.

Fue un rato en el que padre e hijo, como ahora, como en otros momentos de esta etapa en la que el padre es presidente por segunda vez, escenificaron para el mundo la idea que tiene Trump de la democracia, de los derechos del otro, de los derechos que tienen los humanos a ser libres e iguales, aunque sean pobres y desiguales. Paseaban ante las cámaras con el regocijo que ahora ha relucido en las descripciones que el propio padre ha hecho de las distintas escenas de la captura de Maduro.

¿'The End'? ¿Aquello, aquel intento de destrucción del Capitolio, fue el final, o el principio, del proceso de aniquilación de la democracia en Estados Unidos? La pregunta de si aquello fue el fin (como el fin de una película) adorna la última imagen de un documental impresionante que acaba de emitir Movistar Plus. Todo aquel proceso de la tarde y de la noche americana que puso en peligro (y en peligro de muerte) a los representantes públicos que estaban en la sede del Capitolio, está ahora recogido en ese filme que firma Javier Horcajada y que se titula 'Capitolio versus Capitolio. Un prólogo a la autodestrucción de la democracia'.

Que aquel momento se vea ahora, con la nitidez que da el tiempo, en este instante del mundo, recoge respuestas para quienes se preguntan hoy qué iba a pasar cuando Trump volviera a gobernar en este mundo. Pues él aspira a mandar en todas partes, aquí también, ya lo verán, y lo hace con la burla a la que lo invita la venganza.

Él no ha soportado nunca derrota alguna; se burla de todos. A las claras, ante la televisión, frente a los suyos, en medio de las matanzas o de las personas que lo van a ver, frente a los que le contradicen o, incluso, según él, le roban premios… Él es el ganador de su casa, de su pistola, del mundo que lo rodea y de aquel con el que sueña.

Es muy probable que nadie, ahora, le pueda decir que no a nada, porque tiene (como decía León Felipe hablando de quien aquí ganó la guerra de España) la espada y la pistola. Pero siempre habrá un libro, un poeta, un niño, que un día le llame a la puerta y le diga, como aquel muchacho que podía ser de Groenlandia, que el rey está desnudo. Que no se ría, que no se ría, pues el rey está desnudo.

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