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Opinión | Venezuela
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Trump secuestra al PP

De la crisis venezolana ha emergido la segunda gran guerra cultural del presidente de EEUU: eliminar del mapa a la derecha tradicional, que ha pasado a ser igual de sospechosa que la izquierda

Trump dice que Corina Machado le llevará el Nobel la semana que viene: "He parado 8 guerras, merezco 8 premios de la paz"

Feijóo se desmarca de Trump y avisa que excluir a Corina Machado es "perpetuar" a Maduro: "Las dictaduras no se derrocan a medias"

Imagen de archivo de Donald Trump.

Imagen de archivo de Donald Trump. / AARON SCHWARTZ / CONTACTO / EUROPA PRESS

Puede que lo más espectacular fuera la extracción militar de Nicolás Maduro, pero sin duda lo más trascendente puede terminar siendo la extracción moral de María Corina Machado. Trump descabezó a la vez, y por sorpresa, el régimen venezolano y la oposición. Una fue una intervención militar, la otra fue una intervención política y puede que la devastación de verdad la provoque la segunda. Estaba en el aire que caería alguna acción militar en territorio venezolano. Lo que seguro que no cabía en ninguna mente es que Trump humillaría el mismo día de autos a María Corina, la vaciaría de todo su poder y dejaría en estado de 'shock' a la oposición, justo en el momento en el que ya veían la victoria final. De nada le ha valido a la líder de la oposición arrastrarse todo este tiempo de rodillas y con la lengua fuera ante el emperador, ofreciéndole incluso compartir el Premio Nobel, como si fuera una bolsa de chuches. Efectivamente, Delcy Rodríguez es mucho mejor que María Corina para conseguir el petróleo, pero detrás de la vejación a la oposición venezolana hay algo más que unos cuantos puñados de barriles. Porque la derecha civilizada, si es que queda alguna bajo este nombre, se ha empezado por fin a dar cuenta de que la ofensiva de Trump también va contra ellos. La guerra de la nueva administración americana contra la izquierda es ya sabida, y se articula en su obsesión 'antiwoke', que ha calado en buena parte del 'mainstream' mediático planetario. La novedad, esta vez, es que de la crisis venezolana ha emergido la segunda gran guerra cultural de Trump: eliminar del mapa a la derecha tradicional, que ha pasado a ser igual de sospechosa que la izquierda. Ahora sabemos que, para Trump, es igual de peligroso un izquierdista que defiende a los homosexuales que un derechista que cree en la ONU y el derecho internacional. En su anarquismo nihilista, lo que nos explicó el 3 de enero el presidente de la mayor potencia militar del planeta es que quiere terminar con el buenismo 'progre', pero también con la Organización Mundial de la Salud, la Unión Europea, la Unesco y, seguramente, la OTAN.

En pleno 'shock', hubo al menos un momento delicioso, cuando vimos en directo cómo la decapitación trumpista de María Corina dejaba titiritando y fuera de combate a la derecha madrileña en el instante decisivo. Sí, el día de la epifanía en el que Venezuela podía ser por fin la tumba final para Pedro Sánchez, se convirtió en un funeral sobrevenido, del que todavía no se han recuperado. Miren si no los grotescos funambulismos del PP hablando de Maduro sin admitir que el chavismo sigue ahí, vivito y coleando, y el cortocircuito provocado por la operación indigerible de Estados Unidos, su aliado natural, convertido de repente en un desconcertante estorbo político. El resultado de este desconcierto fabuloso es que Ayuso se alinea con Trump para contentar a sus patrocinadores de Little Caracas, Aznar sale a defender el derecho internacional y Feijóo, medio tartamudeando y como ya es habitual, ni sabe ni contesta. Si algo caracteriza a la derecha española es que es la última en enterarse de qué va la realidad. Llevan ya dos años y medio proclamando el fin del sanchismo, y el anticristo ahí sigue, vivito y coleando. A ver cuándo empiezan a entender en Génova que la operación de Trump en Venezuela va, sobre todo, contra ellos y todo su espacio político.

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