Bengalas injertadas
Las desgracias, más allá de la negligencia y la mala fe, provienen del afán inconsciente por los fuegos fatuos
Las bengalas desataron el infierno y convirtieron la fiesta de Año Nuevo entre jóvenes en Crans-Montana en una ratonera mortal
"Era como un escenario de guerra": los supervivientes de la tragedia en Crans-Montana relatan lo sucedido

Bar Le Constellation de Crans-Montana, en Suiza / Europa Press/Contacto/Marco Alpozzi
Confieso que hace muchos años que no entro en una discoteca. Tampoco es que entrara tanto en la época en que me tocaba, por decirlo de alguna manera, pero es cierto que podría escribir un pequeño ensayo sobre el comportamiento de los humanos que entonces bailaban a oscuras. No recuerdo ninguna exhibición pirotécnica, más allá de los fuegos artificiales simbólicos de machos y hembras en celo. El detalle más destacable de esos años es que una de las discotecas más conocidas de la región donde habito (que, por cierto, ya no existe: ahora es un solar que ejerce como aparcamiento al aire libre) ofrecía a los clientes la posibilidad de disponer de una botella de ginebra (¡la ginebra hacía estragos en ese momento!) con el nombre del usuario, con lo cual convertías el refugio alcohólico en una especie de extensión de tu salón. Escribí un artículo en el que hacía constar una determinada marca de ginebra, sin ninguna intención pecaminosa, pero fui obsequiado por la empresa distribuidora, sin pretenderlo, con un par de botellas, con cuyo contenido, ofrecidas a los amigos, traté de ensanchar mi raquítica vida social y, ofrecidas a las amigas, mi campo de acción sentimental. Quiero decir, con todo esto, que más allá de las adicciones ilegales de cada uno, la vida discotequera era sencilla y aburrida, previsible.
Quizás por eso me ha sorprendido tanto haber descubierto, a raíz de la tragedia de Crans-Montana, en el cantón suizo de Valais, que ahora las discotecas se dediquen a ofrecer botellas de champán (corpinnat o cava, da igual) con el añadido festivo de una bengala injertada en la botella, para que la percepción festiva sea más evidente y luminosa. Los testigos del incendio y las cámaras que grabaron las primeras imágenes certifican que había muchas botellas con bengalas, levantadas con entusiasmo por camareras que las exhibían –por indicaciones de la superioridad, claro– con euforia. Se ve que ocurre en todas partes y que las desgracias, más allá de la negligencia y la mala fe, provienen del afán inconsciente por los fuegos fatuos.
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