El hombre del chándal gris
Esta prenda sirve para expresar una cosa y la contraria. El vigor atlético de la juventud y la renuncia doméstica de la mediana edad. La libertad y el cautiverio. La pobreza y el poder
Así fue la operación de la CIA para capturar a Maduro: un chivato en el régimen y comandos practicando en Kentucky

Donald Trump publica una foto de Maduro esposado y con los ojos tapados a bordo de buque de EEUU en su red social de BlueSky. / EFE
Es curioso que en un mundo donde todo es blanco o negro, nada condense mejor nuestro tiempo que un chándal de color gris.
Algunos hablan de “detención” y otros de “secuestro”, pero de lo que sí hablan todos es del traje deportivo Nike con el que Nicolás Maduro voló hacia el país que, de ahora en adelante, explotará el petróleo del que él gobernaba. Se agotan las tallas de este modelo de chándal en el mercado y también la paciencia de quien ya ha leído demasiados artículos sobre el tema. Lo viste el Mallorca y también Cristiano Ronaldo, ese fan de Trump. Hay quien promete llevarlo en Halloween. Nada es extraño en un mundo en el que la gente se hace selfis en Auschwitz.
Muchos usan la IA para generar memes del venezolano pinchando y algunos artículos inteligentes analizan semióticamente la fotografía. Estos suelen partir de la idea de que esa imagen busca humillar a Maduro. Primero, porque presenta a un poderoso con ropa de pobre en el parque y en casa. Segundo, porque el chándal de un dirigente antimperialista es de la marca deportiva más poderosa de Estados Unidos. Tercero, porque, según Karl Lagerfeld, ese individuo de cera, “el chándal es el símbolo del fracaso. Cuando pierdes el control de tu vida, te compras un chándal”. De tu vida o de tu país.
Sin embargo, nada es blanco o negro: por suerte o por desgracia, casi todo es gris. Y aunque puede haber esa vocación humillante en la ya icónica imagen, el caso es que el chándal también puede significar todo lo contrario. Y sin salir de la izquierda latinoamericana: Fidel Castro vistió chándal Adidas hasta en su encuentro con el Papa Francisco de 2015 y pocas prendas más simbólicas para el chavismo que el chándal con la bandera venezolana.
El chándal, pues, sirve para expresar una cosa y la contraria. El vigor atlético de la juventud y la renuncia doméstica de la mediana edad. La libertad y el cautiverio. La pobreza y el poder. El chándal, como los aguacates y el alcohol y cualquier lateral ofensivo, es capaz de lo mejor y de lo peor. Se supone que tiene que ver con las clases humildes, pero en los últimos tiempos se ha convertido en un absurdo objeto de lujo. En teoría es el uniforme del explotado, pero es una prenda indispensable en el armario del mafioso, del modelo rojo de Ray Liotta al Fila negro de Tony Soprano. ¿Es el uniforme del débil? Habría que preguntárselo a Bruce Lee dando patadas voladoras en 1978 o a los Run DMC, que lo dignificaron por la vía del hip hop, en 1986.
Porque, además, el chándal habla elocuentemente en la incongruencia. En la de quien lo llevó con tacones: Rocío Jurado primero y Rosalía (que dice en 'Bulerías' que no es menos cantaora por llevar chándal) después. O con mocasines: de Arsenio Iglesias a Luis Aragonés, sobre el que canta hasta Morat en su himno 'Chándal'. En el barrio y en la pasarela: Desirée de Fez, que escribió brillantemente sobre el horror de llevar un chándal rosa de táctel en el Cornellà de los ochenta, y Paris Hilton, con caniche y Juicy Couture de terciopelo rosa. A ver si va a suceder que el chándal, como sucede con algunas ideas, ideologías, armas o fórmulas matemáticas, depende de quien lo use (y aún más de quien lo mire).
De hecho, el chándal, en su origen, era un traje. El primero data de 1939 y lo lanzó Le Coq Sportif con el nombre “The Sunday Suit”. Un par de años antes se había aprobado una ley de vacaciones pagadas, así que la gente tenía más ocio. Por otro lado, lo usaban el séptimo día los que se enfundaban el traje de oficina los otros seis.
Veinte años después, en 1959, habló sobre ellos la novela 'El hombre del traje gris'. Su autor, Sloan Wilson, indaga en la angustia de muchos hombres exitosos con residencia con jardín, tres hijos y buen sueldo. Algunos de ellos no soportaban esa vida estática y sufrían cuando recordaban sus traumas bélicos. Al final, “el traje gris” se convirtió en un símbolo del conformismo consumista tras la Segunda Guerra Mundial.
La imagen del hombre del chándal gris, en cambio, atrapa a la perfección la idiocia viral, la frivolidad frenética y las contradicciones de nuestra época, pero esperemos que no sea tan certero en el retrato del ser humano a las puertas de la tercera.
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