No es la democracia, señor Feijóo
A la pinza de Putin y Trump sobre Europa no se responde desde la izquierda, o desde la derecha, sino desde la libertad y la soberanía
Feijóo se desmarca de Trump y avisa que excluir a Corina Machado es "perpetuar" a Maduro: "Las dictaduras no se derrocan a medias"

El president del Partit Popular, Alberto Núñez Feijóo. | JESÚS HELLÍN / EUROPA PRESS
Nada hay peor, en política, que confundirse de relato. La primera reacción de Alberto Núñez-Feijóo al ver el secuestro de Maduro fue la un de líder desubicado, prisionero de la utilización que el Partido Popular lleva haciendo de Venezuela, desde hace años, para desgastar a Pedro Sánchez. “Delcy no es la solución”, tuiteó el líder de la oposición, en un mensaje de impotencia, al comprobar que ni a Donald Trump, ni a Marco Rubio, les importa un carajo la democracia en Venezuela. La lapidaria marginación de Corina Machado constituye una humillación para quien siempre puso en ella todas sus esperanzas, asesorado por Cayetana Álvarez de Toledo y los venezolanos del barrio de Salamanca. ¿Cree en serio, Núñez-Feijóo, que lo de Venezuela va de democracia? Es sabido que la política internacional no es su fuerte, pero no es necesario desayunarse cada día con el 'New York Times' para saber que la operación no iba, ni va, de democracia. Cómo no va de democracia amenazar con hacer lo mismo en Cuba, Colombia y México, o con apropiarse de Groenlandia.
Pretender que Trump aspira a promover un régimen como la democracia en la que no cree es ridículo. Lo dijo sin tapujos: lo de Venezuela va de petróleo, negocios y seguridad. Donald Trump lleva un año en la Casa Blanca. El tiempo suficiente para constatar que él y democracia son un oxímoron. ¿Cómo va a actuar en nombre de ella un presidente que la pone en cuestión cada día en su propio país? ¿Por qué tendría que hacer de la democracia su norte quien aplaudió el asalto violento al Capitolio e indultó a quienes lo perpetraron? “Necesitamos Groenlandia”, reiteró ayer. Se puede estar de acuerdo con Trump, como lo está Santiago Abascal, a quien la democracia y la soberanía tampoco le importan mucho, pero no se pueden compartir sus bravuconadas desde un partido como el PP apegado, en principio, a los valores de la Constitución y de Europa. ¿Qué dirá Feijóo si la primera ministra de Dinamarca invoca la solidaridad entre miembros de la OTAN, en caso de una ocupación de Groenlandia? ¿Qué hará si Trump y Putin intercambian Cuba por el Donbás?
Claro que sigue siendo importante hablar de democracia y de las reglas que trajeron paz, progreso y libertad desde la segunda guerra mundial. Más que nunca, porqu a la pinza de Putin y Trump sobre Europa no se responde desde la izquierda, o desde la derecha, sino desde la libertad y la soberanía. Son valores que deberían interpelar a los demócratas. Para actuar contra la agresión rusa en Ucrania. Para no tontear con la legitimidad de Maduro. Para censurar la represión de los Ortega en Nicaragua, o la perpetuación del régimen cubano. Y también para tomar posición, abiertamente, ante las hazañas del presidente norteamericano. Para no callar ante la persecución de los inmigrantes, ante el enriquecimiento pornográfico de los Trump, o ante la transformación de la presidencia en un poder omnímodo, destinado a perpetuarse. Ni la Constitución española, ni los valores de la UE, ni ningún tratado internacional permiten celebrar una intervención como la de Venezuela, que se hizo fuera de todo amparo legal. Sin siquiera la aprobación previa del Congreso. De caer en esta trampa, el PP se presentará a las próximas elecciones con una política exterior calcada de la de Abascal. Más alimento para el crecimiento de Vox.
Tiene razón Feijóo cuando dice que Delcy Rodríguez no es la solución para la democracia. Sin embargo, pactar con ella puede ser una bicoca para las petroleras norteamericanas y para los negocios de la familia Trump. Yo viví una situación parecida en Panamá, al revés. Cuando Noriega dejó de ser el hombre de la CIA y la DEA, George Bush invadió el país. ‘Siempre fue un hijo de puta, pero había dejado de ser nuestro hijo de puta’, dijo alguien en Washington. Es probable que sea lo que piense Trump, a la inversa. Sea lo que sea la señora Rodríguez, puede ayudarnos a implementar esta nueva versión de la doctrina Monroe, que pronto llamaremos Donroe. Dependerá de que acepte las condiciones. Así es el mundo, señor Feijóo. Para sumarse a este juego, llega tarde, porque Abascal se le ha adelantado. Más le conviene rebobinar, y buscar cobijo en una política europea, si es que la hay.
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