Los hombres fuertes (Trump, Putin, Jinping) y la 'Carta del Atlántico'

Ilustración de la detención de Trump a Maduro
Todo lo que protagoniza la administración Trump acaba convirtiéndose en confusión y alboroto. El ataque de la madrugada de este sábado a instalaciones clave de Venezuela y la posterior detención del impresentable Nicolás Maduro no responden a ninguna regla conocida del derecho internacional. Nada comparable a las dos intervenciones en Irak que, pese a resultar fallidas, se apoyaban en tratados internacionales. Tampoco estamos ante un caso como el de Panamá o de la liberación de los rehenes en Teherán. Es una acción típica de un subastero como el actual presidente norteamericano. Dobla la apuesta para intentar que nadie dentro y fuera de Venezuela siga fiel a Maduro y conseguir doblegar un régimen que le molesta en su visión geoestratégica. Antes de que la aristocracia del progresismo se abalance sobre este asunto y ponga al otro lado del muro a quienes no compartan su doctrina oficial, hay que recordar que el ‘chavismo’ nació de las cenizas de la sociademocracia corrupta de Carlos Andrés Pérez y de la democracia cristiana corrupta de Rafael Caldera. No había redes sociales, ni Trump, ni el movimiento MAGA ni nada parecido. El populismo -de derechas o de izquierdas- nace y se desarrolla siempre cuando los partidos centrales de la democracia liberal son incapaces de resolver los problemas de la mayoría de la población y se dedican a asuntos particulares relacionados, habitualmente, con la corrupción.
Ucrania, Taiwan, Groenlandia... Venezuela
Donald Trump es ahora el líder de lo que Yuval Harari ha denominado acertadamente “los hombres fuertes”, este tipo de dirigentes que nacen o tienden a la autocracia y que prometen soluciones fáciles a problemas complejos. Si Maduro no acepta las reglas de la democracia liberal, se le secuestra y punto. Nada de sutilezas al estilo europeo. La tolerancia de Estados Unidos y China con Rusia solo se explica porque lo que Putin ha perpetrado en Ucrania acabe siendo el modus operandi en las relaciones internacionales y les permita apoderarse de territorios considerados clave para la geoestrategia actual: Taiwán es el objeto del deseo de Xi Jinping como Groenlandia y Venezuela lo son para Trump. “Los hombres fuertes, resume Harari, orquestan ataques populistas contra las instituciones, desmantelan los mecanismos de autocorrección y concentran todo el poder en sus manos”. Desde que llegaron al poder por segunda vez, los chalados que envuelven a Trump están obsesionados con la figura de Winston Churchill al que consideran el responsable del orden internacional instaurado durante la Segunda Guerra Mundial. Y no van desencaminados. La alianza que forjó el primer ministro británico para lograr que, primero Estados Unidos, y luego la entonces Unión Soviética unieran su fuerzas contra Hitler y el Eje se sustentó en la denominada Carta del Atlántico en la que se comprometieron a no buscar el engrandecimiento territorial, no aceptar ningún cambio territorial por la fuerza y respetar el derecho de los pueblos a elegir su forma de gobierno. Con imperfecciones, estos principios han sustentado las relaciones internacionales hasta la fecha. Rusia rompió ese principio en Ucrania, Trump quiere hacerlo en Groenlandia y Jinping en Taiwaán. Venezuela solo es un pretexto para dar por rotos este tipo de compromisos.
La crucial respuesta de la Unión Europea
En este contexto es crucial la respuesta que emita la Unión Europea a la que España se adhirió hace 40 años. No será fácil, pero los 27 son, con todos sus defectos, los únicos que respetan aquellas reglas que gobernaron durante ocho décadas las relaciones internacionales y que han sido claves para la prosperidad que hemos vivido. La defensa del principio de integridad territorial de Ucrania ha provocado que la UE haya dado pasos hasta hace cinco años impensables en política de defensa y de seguridad. El último ejemplo fue la firma de una emisión mutualizada de deuda para financiar al gobierno de Zelensky por 90.000 millones de euros. Los admiradores secretos de los hombres fuertes lo consideraron un fracaso igual que hoy verán debilidad frente a Trump. Pero el consenso siempre es más fuerte a largo plazo que la fanfarronería de construir muros virtuales o la cobardía del apaciguamiento. Con ese objetivo, Churchill fundó en los años 20 del siglo pasado 'The Other Club' para tejer consensos que protejan a las democracias frente a los hombres fuertes. Con ese mismo objetivo se fundó la UE que no necesita invadir para sobrevivir. Y nace esta sección.
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