La solución Trump
El ataque en Venezuela es una aviso a cuantos pretendan actuar según su criterio en América Latina

La 'Situation Room' de Trump improvisada en Mar-a-Lago durante captura de Nicolás Maduro / Truth Social
Las excentricidades de Donald Trump no pueden desorientarnos. Nicolás Maduro ha sido un dictador en toda regla que ha expulsado de Venezuela a millones de compatriotas por el mero hecho de no pensar como él ni aceptar su autocracia. Su última negativa a mostrar las actas de las elecciones presidenciales le ha dejado fuera de la legalidad democrática y de toda legitimidad. El consiguiente desafío a las amenazas de Donald Trump no ha hecho más que poner en peligro la soberanía de los venezolanos, como finalmente ha ocurrido. Maduro y el chavismo, como se ha demostrado, no tenían capacidad ni militar ni política para ese enfrentamiento. Y los potenciales aliados, como Putin, no dejan de compartir lo esencial con Trump, que ha tomado un camino que no es la solución. Menospreciar a Corina Machado no hace al presidente de EEUU muy diferente en los hechos a Maduro. Y las acusaciones de narcotráfico, aunque verosímiles por el carácter autoritario del régimen, requerirán la validación de la justicia.
Lo que ha quedado meridianamente claro en el mensaje de Trump es que el ataque a Venezuela es un aviso dirigido a cuantos pretendan actuar según su criterio en el patio trasero de Estados Unidos. Lo que no admite duda es que, dentro de la tutela de la Casa Blanca del proceso que debe certificar la liquidación del régimen bolivariano, serán empresas estadounidenses las que gestionarán los recursos petrolíferos, un objetivo indisociable del plan de Trump de menguar la influencia de China en el comercio latinoamericano y en la explotación de recursos naturales.
Resultaría por lo demás preocupante que la falta de legitimidad de Maduro –dictador de facto– a partir del momento en que se negó a mostrar las actas de la elección de 2024 se presentara como una legitimación sobrevenida del ataque de ayer. Ni los tratados internacionales ni la carta fundacional de las Naciones Unidas dan cobertura a la operación, tan parecida en su forma a la que en 1989 desencadenó el presidente George H. W. Bush en Panamá, que se entendió asimismo como una violación flagrante del derecho internacional. La ley del más fuerte, que lleva a Trump a afirmar que Estados Unidos vuelve a ser «un país respetado, posiblemente como nunca antes», es en la práctica una amenaza permanente dirigida a cuantos en algún momento disientan de sus designios. Quien cultivó en campaña un perfil aislacionista ha acabado siendo un guerrero irrefrenable.
La Unión Europea tiene el deber de no dejarse llevar por la corriente de Trump y propugnar una solución que no avale las transgresiones de la legalidad internacional ni de unos ni de otros. Y la polarización de la dinámica interna de la política española no debería alejar la posición del Gobierno de la centralidad de la UE. No se pueden repetir errores como cuando el Ejecutivo de José María Aznar reconoció un golpe de Estado fallido y las veleidades de José Luis Ábalos con la vicepresidenta Delcy Rodríguez. España puede jugar un papel si tiene detrás el aval de la UE. Pero en ningún caso si se convierte Venezuela en un mero campo de batalla interno.
- Las familias podrán solicitar una ayuda de 600 euros por cada menor a su cargo
- Cuatro meses después de abrirse el juicio oral contra la pareja de Ayuso faltan los escritos de las defensas para elevar la causa a la Audiencia
- Barcelona vivirá un ‘super puente’ este febrero de 2026 al solaparse Carnaval, Santa Eulàlia y San Valentín
- La ministra de Recursos Minerales de Groenlandia: 'Tenemos planes de contingencia en caso de que EEUU decida utilizar la fuerza
- Una subcontrata de las obras del Camp Nou despide a una veintena de trabajadores turcos y Treball investiga posibles irregularidades
- La Sagrada Familia es un bodrio
- Los trabajadores catalanes tardan un 40% más en ser atendidos por un médico que el resto de españoles
- Las grúas empiezan a derribar las últimas casas de los militares de la Ciutadella que quedaban en pie en Barcelona
