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Opinión | Movilidad
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La paliza de la baliza (V16), o tócame Roque

Cuéntenlo bien, explíquenlo mejor, bombardéennos con anuncios didácticos y déjense de campañas de terror como los spots de la DGT y el SCT

Los conductores rechazan la obligatoriedad de la baliza V16 y cuestionan su uso: "Son mejores los triángulos"

Primer día de aplicación de la nueva medida de llevar baliza V16 obligatoria en el coche

Primer día de aplicación de la nueva medida de llevar baliza V16 obligatoria en el coche / Manu Mitru

Si de lo que se trataba era de llamar la atención, de advertirnos de algo anómalo en nuestro camino, de alertarnos frente algún imprevisto, la baliza V16 ha conseguido su propósito incluso antes de aparecer en escena de forma impuesta.

Hablar del dispositivo de marras se ha convertido en un hit llenapistas, en un auténtico 'best seller' para los denominados “creadores de contenido” (una de las expresiones más hueras de la historia de la comunicación), y en un infalible 'pescaclics' para los bulímicos de la red.

Ya la tenemos con nosotros, aunque con una aceptación popular más bien baja. Fundamentalmente, porque más allá de su loable propósito de mejorar la seguridad viaria, su endose desprende un cierto tufo a “chiringuito” comercial (más de 1.200 millones de euros de 'negoci', con un parque clientelar con más de 24 millones de vehículos… solo en España); porque se la asocia a un dudoso objetivo económico, y por las innumerables contradicciones que en la información de su uso ha habido y sigue habiéndolas. Por no hablar de la plaga de balizas 'fake', o no homologadas a la venta por internet, o de los comentarios que apuntan a una posible nocividad de su potente parte magnética para los usuarios que lleven un marcapasos…

Martes 30 de diciembre, a las 09.35 horas, Ana Blanco -subdirectora general de la DGT- declara en el programa 'Aquí Catalunya', de Radio Barcelona: “de momento no habrá controles exhaustivos sobre si se lleva o no la baliza en el coche, y por consiguiente, aunque no hay una moratoria en la aplicación de la normativa, como ya dijo nuestro director general (N.d.a: Pere Navarro) no se sancionará a quienes no dispongan de ella, o si esta está o no homologada”. Minutos después, el mismo día, Ramon Lamiel, director del Servei Català del Trànsit, declaraba en 'El Matí de Catalunya Ràdio' que “los Mossos podrán sancionar desde ya el incumplimiento de esta norma”. Fíjense en el “podrán”; potestad aclarada, pero no definitoria, de que vayan a hacerlo, o no. Molesto por la incongruencia, Lamiel sostuvo, terminada la entrevista, que “así lo había dejado claro Ana Blanco en una entrevista en la Cope”. Cierto, lo dijo unos días antes de ese ir y venir, de tal trasiego de criterio.

Semejante despropósito convierte el tema de la baliza en 'La casa de tócame Roque'.

Y ante tal vaivén de sí pero no, no pero sí, al ciudadano de a pie nos están volviendo locos. Y en lugar de poner la baliza en el techo del coche a uno le vienen ganas de meterse un embudo en la cabeza, la no en el pecho y coronarse Emperador antes de que le encarcelen en la isla de Santa Elena. Y eso incluso antes de escuchar las teorías de los terraplanistas, que argumentan que la geolocalización con la lucecita con nombre de bomba incendiaria busca “tenernos controlados para espiarnos en todo momento”.

Servidor, que no tiene (casi) nada que esconder, no solo no le importa que le tengan geolocalizado, sino que está a favor de la baliza. Y del triángulo de emergencia, del chaleco reflectante, del uso de los 'warnings', de la 'e-call' al 112 y de lo que haga falta con tal de mejorar la (in)seguridad vial actual que, solo en Catalunya, en 2025, ha provocado 144 muertes en la carretera, 11 en el último mes del año; un 6% más que en el curso anterior. Y no me hablen de comparaciones con 2019, que eso es hacer trampas en el solitario.

A favor de la baliza, claro que sí. Pero cuéntenlo bien, explíquenlo mejor, bombardénnos con anuncios didácticos y déjense de campañas de terror como los spots de la DGT y el SCT. Porque aquello de “la letra con sangre entra”, cuando hablamos de tantas muertes o de los 867 heridos graves que ha habido el último año en las carreteras catalanas -casi 60 más que en 2024- mejor no utilizarlo, por respeto a las familias de los afectados.

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