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Opinión | Inicio de año

Barcelona

¡Ay, Dios!

Mientras el nuevo alcalde de nueva York toma posesión jurando el cargo sobre el Corán, la música pop se abre al espacio de la espiritualidad

Una imagen del cartel de la gira de La Oreja de Van Gogh.

Una imagen del cartel de la gira de La Oreja de Van Gogh.

Empezamos el año invocando a Dios. No estaba entre mis propósitos, pero se ha colado sin pedir permiso. En la radio suena 'La Oreja de Van Gogh' y Amaia Montero vuelve -esto ya es suficiente noticia- con un estribillo que dice, sin rodeos: "Yo creo en Dios". Confieso que yo no lo vi venir. No sé si esto es pop espiritual o simplemente una frase que rima y se queda. Pero cuando algo se queda, conviene prestar atención.

Casi al mismo tiempo, en Nueva York, el nuevo alcalde toma posesión jurando el cargo sobre el Corán. Es la primera vez que ocurre allí, la tradición (no la ley) llevó a sus predecesores a hacerlo sobre la Biblia. La reacción de una parte de la población ha sido sonora. Lo llamativo no es que un cargo público jure sobre un texto religioso, sino que parece un problema solo cuando ese texto no es el de siempre. El simple hecho de jurar un cargo político sobre un texto sagrado ya es, en sí mismo, conflictivo.

Los símbolos no están ahí para decorar, sino que ordenan. Delimitan lo que se considera central y lo que queda en los márgenes, lo que entra en la norma y lo que se percibe como excepción. Por eso cualquier desplazamiento incómodo. No introduce tanto algo nuevo como que descoloca lo que dábamos por fijo. Durante demasiado tiempo hemos confundido la costumbre con la neutralidad. En Nueva York, la simbología de esa jura viene cargada de contenido.

La fe parece volver a estar de moda. En Occidente llevamos décadas debatiendo qué lugar debe ocupar la religión católica en la esfera pública mientras muchos han preferido buscar alternativas místicas 'indies' que recogieran un poco el alma. Ahora parece que la música pop también está abriendo espacio a la espiritualidad. Rosalía, La Oreja… Que un grupo 'mainstream' cante “yo creo en Dios” en pleno 2026 señala el clima de la época. Afirmar la creencia sin comillas es casi un gesto intempestivo. No porque alguien crea -eso no debería inquietar a nadie-, sino porque la creencia reaparece en lo público como algo dado, naturalizado, sin haber sido pensado entre todos. Por eso gestos como los de la política norteamericana generan tanto ruido; no tanto por lo que afirman, sino por lo que dan por supuesto. Cuando la fe deja de ser solo de quien cree y pasa a formar parte del decorado común, ya no interpela a unos pocos. Nos interpela a todos.

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