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Opinión | CORTO Y AL PIE
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Nueva York no es EEUU: lo que la elección del alcalde realmente nos dice

Zohran Mamdani, en la toma de posesión como alcalde de Nueva York.

Zohran Mamdani, en la toma de posesión como alcalde de Nueva York. / AP

La elección del nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha desatado una euforia que supera los límites de la política municipal. Desde fuera, y especialmente desde ciertos círculos progresistas, se ha leído el resultado como una victoria moral, la prueba de que existe una alternativa real a Donald Trump. Conviene, sin embargo, moderar el entusiasmo. Nueva York no es Estados Unidos, ni siquiera cuando cree serlo. Lo aprendí cuando viví allí. Además, no toda elección local sirve como termómetro nacional. 

Esta tendencia a exagerar la importancia de los comicios neoyorquinos es comprensible por el gran peso simbólico de la ciudad y por su visibilidad global sin igual. Pero conviene recordar su profunda excepcionalidad. Nueva York es mayoritariamente progresista, diversa y profundamente desigual. Marca la agenda, pero también forma una burbuja política, cultural y social en un país tan complejo como Estados Unidos. Cuando habla, lo hace con sus propios códigos, a menudo muy distintos a los del resto del país. Puede elegir líderes que funcionan más como símbolos que como gestores, al menos al principio. Eso no invalida la elección de Mamdani, pero sí limita su alcance.

Hay algo que resulta familiar en esta euforia. En 2009, durante la toma de posesión de Barack Obama como presidente del país, Nueva York vivió una auténtica Obamanía. La ciudad se convenció de estar ante un punto de inflexión político y moral. La sensación era casi física. La política, después, siguió su curso, con sus límites y sus tiempos. La decepción tuvo menos que ver con el gobierno de Obama que con el relato previo y con las altísimas expectativas.

Celebrar una victoria progresista es legítimo y comprensible. Convertirla en una derrota nacional del trumpismo, quizá, sea precipitado. Nueva York seguirá siendo Nueva York. EEUU, en cambio, es mucho más amplio y menos dócil a los relatos simplistas. Reconocer esa diferencia ayudará a poner la esperanza del triunfo de Mamdani en su justo lugar. 

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