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Opinión | Audiovisual
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¡Adiós y gracias, 'Stranger Things'!

La serie de Netflix ha logrado algo que, en el mundo del 'streaming', es cada vez más difícil: movilizar a un público en masa y de manera simultánea

Crítica del episodio final de 'Stranger things': un cierre efectivo no exento de excesos

Un momento del último capítulo de la temporada final de 'Stranger things'.

Un momento del último capítulo de la temporada final de 'Stranger things'.

Que la temporada final de 'Stranger Things' está siendo el gran evento seriéfilo de estas Navidades está fuera de toda duda. La serie no solo ha tomado por asalto las redes y la conversación. También está en la calle. Madrid, por ejemplo, se ha convertido en un centro de peregrinación para los superfans, que pueden encontrar referencias emblemáticas a la serie en sus calles: las luces de Joyce Byers en pleno centro lanzando mensajes ocultos a los transeúntes; la entrada del Metro de Sol convertida en una puerta de entrada al Upside Down; una estatua de un 'demogorgon' ocupando el lugar del oso junto al castizo madroño; un mural en homenaje al Hellfire Club… Las colas para grabar vídeos y hacerse 'selfies' son constantes. El ansia por conseguir un testimonio gráfico de que se estuvo ahí es la mejor prueba de que la serie ha conseguido el más difícil todavía: ser verdaderamente relevante. En la actualidad no es tarea fácil. Ni siquiera Netflix, la plataforma global líder del mercado con algunas de las campañas de marketing más virales de la historia es capaz de convertir todos sus originales en fenómenos. 'Stranger Things' es una de ellas. Su debut, en verano de 2016, sedujo a públicos de todas las edades con una poderosa combinación de nostalgia, amistad y ciencia ficción oscura. Desde entonces, cada nueva temporada se ha convertido en ese afectuoso reencuentro que alguien tiene con un viejo amigo.

'Stranger Things' ha logrado algo que, en el mundo del 'streaming', es cada vez más difícil: movilizar a un público en masa y de manera simultánea. Para los fans de 'Stranger Things' es tan importante ver la serie como debatir y elucubrar sobre lo que ocurrirá en el episodio final. También ansían poseer pedacitos de ella. Ropa, menaje, fondos de pantalla, 'funkos'… cualquier cosa tangible que permita mostrar los colores y mostrarse al mundo como fan de este gran fenómeno global.

Los que nos dedicamos a analizar el sector somos conscientes de lo difícil que resulta hoy en día lograr el status que consiguieron series míticas, como 'Perdidos' o 'Juego de Tronos', títulos que lograron movilizar durante varios años a una audiencia para la que los personajes se habían convertido en parte de su familia. Hoy en día este tipo de fenómenos existen, aunque de manera distinta. De entrada, son más concentrados en el tiempo. 'Stranger Things' y su arco de casi 10 años es una rareza (algo debido en parte a la pandemia). Los picos de interés ahora son intensos y viscerales, pero mucho más concentrados en el tiempo, como ocurrió en su momento con 'El juego del calamar' o 'Adolescence'. La plataforma de distribución también tiene mucho que ver. Por buenas que sean las series de AppleTV (que lo son y mucho) tienen muchas menos oportunidades de convertirse en fenómenos 'mainstream' porque sus cifras de suscriptores son mucho menores. Sumémosle a ello la cantidad de estrenos que llegan a nuestras pantallas y tendremos el mix perfecto para que nuestro nivel de fidelidad e implicación sea la justa.

'Stranger Things' se despide en Nochevieja como empezó: apelando a la emoción colectiva y al placer compartido de contar historias alrededor de una pantalla. En un ecosistema dominado por el consumo rápido, individual y muchas veces solitario, la serie ha conseguido algo casi contracultural: devolver a la ficción televisiva su dimensión ritual. Lo ha hecho saltándose la disciplina del estreno en bloque y apostando por entregarnos esta última temporada en pequeñas tandas, reservando el desenlace para las fechas más simbólicas del calendario navideño. Esta no es una serie para devorar en silencio, sino para vivirla en comunidad, comentarla en sobremesas interminables, discutir teorías imposibles y emocionarse juntos ante un final que promete ser épico. Entre villancicos, brindis y reencuentros familiares, Hawkins se cuela en los hogares como un invitado más, recordándonos que la cultura pop también puede generar recuerdos compartidos y marcar épocas.

Yo, que soy generación 'Stranger Things', no solo la he visto: la he vivido. Y cuando vea el episodio final no solo sentiré una tristeza tremenda porque se acabe. También seré consciente de que he asistido a uno de los últimos grandes fenómenos televisivos que ha sido capaz de trascender la pantalla, colonizar el espacio público y convertirse en parte del imaginario colectivo. En tiempos de consumo fragmentado y atención dispersa esto es todo un logro. Así que adiós y gracias, 'Stranger Things' (y, por favor, no mates a Steve).

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