La UE afronta un 2026 clave

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el último Consejo de diciembre, el pasado 18 de diciembre en Bruselas. / OLIVIER MATTHYS / EFE
La Unión Europea (UE) afronta en 2026 un año clave que definirá su futuro en función de las decisiones que adopten las instituciones europeas y los gobiernos y parlamentos de los Veintisiete. Durante 2025, la UE ha visto como su principal aliado y socio económico, Estados Unidos, le impuso un acuerdo comercial abusivo, la convirtió en el centro de sus críticas, sancionó al excomisario europeo Thierry Breton por la legislación digital europea y quiere anexionarse Groenlandia. La UE, que debería haber sido la primera interesada en impulsar la negociación para poner fin a la guerra en Ucrania, ha dejado que Washington tomara la iniciativa y ahora va remolque del presidente Donald Trump.
La UE aún puede hacer realidad su aspiración de consolidarse como una potencia geoestratégica independiente que favorezca la estabilidad global, el comercio mutuamente beneficioso y la coexistencia pacífica en un mundo multipolar. Para ello, la UE debe asumir que Occidente no puede imponer su voluntad al resto del mundo, debe dejar de actuar como súbdito de Estados Unidos y debe recomponer su relación con China en función de los intereses europeos, en lugar de obedecer a Washington.
Las desastrosas intervenciones militares de los miembros de la OTAN en Irak, Afganistán y Libia y la expulsión de las tropas francesas de África occidental exhortan a restringir la actuación militar a la defensa del territorio de la UE y la OTAN. El discurso belicista de algunos líderes no es compartido por la mayoría de los europeos, que rechaza ser arrastrada a una guerra contra Rusia. Solo el 32% de los ciudadanos de la UE estaría dispuesto a combatir por su país, según Gallup. La mayoría de los jóvenes menores de 30 años rechaza reintroducir el servicio militar, según el proatlantista Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Ambas cuestiones influirán en las elecciones que se celebrarán en 2026 en la UE. Las presidencias semestrales rotatorias de la UE de este año corresponden precisamente dos estados neutrales: Chipre e Irlanda.
Promoción de la prosperidad
Sin el respaldo ciudadano, la aspiración europea de potencia geoestratégica es tan frágil como un castillo de naipes. La precondición esencial, que parecen olvidar muchos dirigentes, es que la UE, las instituciones europeas y los gobiernos nacionales deben cumplir los objetivos del artículo 3 del Tratado de la UE de promover la prosperidad, el bienestar, la protección social y la seguridad de sus ciudadanos y una economía socialmente equitativa. Esto es lo que más determina el voto, según los sondeos.
El disparo de la desigualdad, la pérdida de poder adquisitivo a causa del encarecimiento de los productos básicos y la vivienda, el deterioro de la educación y la sanidad y la percepción de inseguridad e impunidad de los delincuentes han generado un creciente descontento que desestabiliza a la UE con votos de protesta a favor de la ultraderecha, votos de castigo a los partidos tradicionales y gobernantes y la fragmentación de los parlamentos.
Detener la desindustrialización
La otra precondición para asegurar el futuro de la UE es detener la desindustrialización del continente, recuperar el atraso tecnológico acumulado frente a Estados Unidos y China y alcanzar un crecimiento económico anual elevado, que debería rondar el 3% anual, como era frecuente en el periodo 1990-2000. La media anual de los últimos quinquenios desde 2007 se sitúa entre el 0,7% y el 1,3%, según la Comisión Europea. El proyecto de marco presupuestario 2028-2034, que debería apoyar el relanzamiento económico, genera choques entre los Veintisiete y protestas de los agricultores.
El descontento social y la desconexión de los dirigentes con los ciudadanos marcarán las elecciones legislativas en 2026 en Bulgaria, Hungría, Suecia, Eslovenia, Letonia, Dinamarca y Chipre. Las elecciones regionales alemanas en Renania del Norte-Palatinado, Baden-Württemberg, Berlín, Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Pomerania serán un examen para el debilitado canciller alemán, el democristiano Friedrich Merz, y sobre la fuerza de la ultra Alternativa para Alemania (AfD), a la que los sondeos dan por delante de los democristianos en intención de voto en unas legislativas. AfD acaba de ser invitada a participar en la Conferencia de Seguridad de Múnich de febrero, lo que le otorga un barniz adicional de honorabilidad. La estabilidad de las coaliciones gubernamentales también será puesta a prueba en Francia por las elecciones municipales y en España por las autonómicas de Aragón, Castilla-León y Andalucía.
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