Futuro
La mayoría de la gente cree que 2026 dejará el mundo peor a como lo encontró. Eso dicen las encuestas, aunque el 90% de las cosas que nos preocupan no suceden nunca

Barrera vegetal para detener el avance del desierto del Sáhara, en plena crisis climática del planeta. / DIB
Unos amigos que han pasado las fiestas en Nueva Zelanda mandaban un mensaje grupal a las 12.05 horas del 31 de diciembre: «Feliz Año Nuevo desde el futuro. De momento, 2026 parece buena gente. Le vigilaremos cuando crezca».
Esa es la clave de la celebración de Año Nuevo: el futuro. Un valor en horas bajas. La mayoría de la gente cree que 2026 dejará el mundo peor a como lo encontró. Eso dicen las encuestas. Pura especulación, claro. Un dato para los más pesimistas: El 90% de las cosas que nos preocupan no suceden nunca.
El futuro no siempre ha sido lo que es hoy. El más allá no terrenal de la Edad Media consolaba a la gente de su terrible presente. El auge humanista del Renacimiento trajo confianza en las capacidades de cada uno. La Ilustración añadió a la ecuación la ciencia y las humanidades. Y el siglo XIX fue el del optimismo tecnológico, el de la fe en los ingenios que lo mejorarían todo. Hasta que se vio que los avances científicos y tecnológicos también podían empeorar mucho las cosas. El siglo XX nos abrió los ojos.
Y aquí estamos. Habitamos la era de todas las crisis: la económica, la climática, la espiritual, la política, la pandémica, la informativa… La tecnología alimenta más nuestro miedo que nuestra esperanza. Sabemos que todo puede suceder, puesto que todo ha sucedido. No parece haber mucho espacio para el optimismo.
Aunque algo nos queda (además de imaginar una invasión extraterrestre). Descreemos del colectivo que formamos (lógico: somos un colectivo poco confiable) pero sí --y esto es nuevo-- en nosotros mismos. «Las hormigas son colectivamente inteligentes e individualmente estúpidas. Los seres humanos somos colectivamente estúpidos pero individualmente inteligentes». La cita es del etólogo y premio Nobel de Medicina Karl Ritter Von Frisch y ayuda a comprender el individualismo violento en que vivimos. Ya lo dijo Séneca (que de tiempos revueltos sabía lo suyo): 'Secum habet Omnia sapiens'. El sabio lleva todo consigo. El sabio se tiene a sí mismo. Seamos (o hagámonos) sabios, pues, para afrontar el futuro que se nos viene encima.
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