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Opinión | El futuro de Palestina

Barcelona

¿Y qué harán con cinco millones de palestinos?

Un futuro de los dos Estados es una falacia que desmiente día a día el Gobierno de Netanyahu, que impulsa imperturbable nuevos asentamientos en Cisjordania, y que en paralelo tolera y protege los abusos y la expansión de los colonos en los asentamientos existentes

Un colono israelí con ropa militar en una aldea al sur de Yatta, en la Cisjordania ocupada.

Un colono israelí con ropa militar en una aldea al sur de Yatta, en la Cisjordania ocupada. / AFP / HAZEM BADER

No hay una Palestina viable en el horizonte. El futuro de ese Estado es una entelequia. Tanto o más que el del Polisario, al que ya no reconoce ni España. Ese hipotético Estado amparado por las Naciones Unidas —es decir, una pantomima— no lo quieren ni lo permitirán jamás ni Israel ni los Estados Unidos de América. Ni siquiera, quizá, los propios Estados que rodean a Israel. Al menos Egipto o Jordania, que mantienen sólidos acuerdos de paz con Israel. Y que, de no querer, no es que no quieran un Estado palestino, sino que no quieren acoger ni a un palestino más. En particular Jordania y la desconfiada monarquía hachemita, que teme como a la peste la llegada de más palestinos cuando más de la mitad de su población actual son refugiados palestinos o de origen palestino.

Todo lo que se diga al respecto —dos Estados y bla, bla, bla— es una falacia que desmiente día a día el Gobierno de Netanyahu, que impulsa imperturbable nuevos asentamientos en Judea y Samaria (Cisjordania), judías según la Biblia, y que en paralelo tolera y protege los abusos y la expansión de los colonos en los asentamientos existentes (cerca de 800.000 colonos si se incluye Jerusalén Este). Al mismo tiempo, ha reducido de facto a menos de la mitad la ya exigua Franja de Gaza. Entre los colonos hay una presencia notable de judíos estadounidenses, en torno al 15%, sionistas religiosos y ultraortodoxos que suman más del 70% de los colonizadores. Entre los primeros cabe recordar a personajes como aquel médico estadounidense al que se le cruzaron los cables y entró a sangre y fuego en la Tumba de los Patriarcas, en Hebrón, causando 29 muertos y cerca de 150 heridos en 1994. Un médico nacido en Brooklyn y que ejercía en el Bronx, que un día se trasladó a vivir a Cisjordania y otro cometió la masacre.

El futuro de los palestinos de Cisjordania es el de Gaza: retroceder, perder territorio y concentrarse cada vez más en áreas urbanas perimetradas. Millones de personas enclaustradas. La cuestión es qué harán con todos esos millones. Al resort gazatí de Trump está claro que no los quieren; los países árabes de su entorno, tampoco. ¿Qué futuro han pensado para ellos Netanyahu y Trump, ante la mirada absorta de las Naciones Unidas?

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