President Illa, dé el paso
La actualización del Pacte Nacional de la Immigració no puede resultar ajena al Govern ni puede ser cuestionada, sino que ha de adecuarse a las nuevas realidades

El president de la Generalitat, Salvador Illa, en las puertas del Palau de la Generalitat. / MANU MITRU
President,
Desgraciadamente, el president Aragonès descartó durante su mandato que la Generalitat asumiera la organización del I Congreso de la Nueva Ciudadanía Catalana, a pesar de tratarse de una iniciativa surgida de su propio partido y de diversos colectivos de personas migrantes. Una iniciativa que pretendía, tomando como referente la celebración en los años 1976 y 1977 del Congreso de Cultura Catalana, movilizar a la población catalana recién llegada, al conjunto de la sociedad civil y a las instituciones del país en un debate sobre el hecho migratorio en la Catalunya de hoy y en la Catalunya que ha de venir.
Si en aquella ocasión se trataba de debatir cómo y de qué manera había que construir la Catalunya autonómica, en la actualidad lo que corresponde es revalidar el anhelo compartido hasta el día de hoy por el catalanismo político de la 'Catalunya, un sol poble'. Responder afirmativamente, creer en ello, obliga a la institución nacional que usted preside a instar al mundo académico, al conjunto del asociacionismo, a los colegios profesionales, a las diversas patronales y sindicatos, a artistas, intelectuales, movimientos sociales, medios de comunicación y fuerzas políticas a acompañar a la población recién llegada en un diálogo académico y popular, extendido por todo el país y mantenido a lo largo de varios meses, sobre cómo se actualiza el legado recibido de tantos y tantos catalanes de nacimiento o de adopción que nos han precedido en su voluntad de hacer realidad un país de todos y para todos.
Efectivamente, en toda Catalunya miles de personas migrantes y autóctonas están implicadas en la tarea de integración. Un activismo desplegado de punta a punta del país y sostenido por el voluntarismo de 'hacer país' y combatir la xenofobia, donde se concentra lo mejor de la fraternidad y del deseo de facilitar el conocimiento recíproco. Desde el voluntariado lingüístico hasta las actividades relacionadas con el folclore tradicional o el asociacionismo deportivo, pasando por el activismo de denuncia de la explotación laboral, la pobreza o la falta de derechos de ciudadanía, así como un largo etcétera de experiencias impulsadas desde el municipalismo por parte de las fuerzas progresistas, cuya acción política, si bien se enriquece del conocimiento y del contacto con los liderazgos emergentes surgidos del asociacionismo migrante, se ve acosada por el avance de los partidos racistas.
Estoy seguro de que comparte la idea de que movilizar y poner en valor todos los esfuerzos surgidos de la sociedad civil se convierte en el mejor antídoto frente a las amenazas actuales, que por su crecimiento hacen necesaria una verdadera campaña de alfabetización popular en favor de la Catalunya de todos y para todos. Y de manera urgente. Porque, si bien era previsible que en nuestro país el cuestionamiento de la cultura candeliana (Francesc Candel, 'Els altres catalans') llegara de la mano de la ultraderecha españolista, atendiendo a los precedentes históricos del anticatalanismo, sorprendente y decepcionante ha sido que, por primera vez, haya surgido desde el corazón del catalanismo un discurso tan descaradamente racista como para dinamitar incluso el principio básico contenido en la sentencia “es catalán quien vive y trabaja en Catalunya”. Doy por convenido con usted, pues, que el orriolismo se nos presenta como una gran amenaza, porque sin duda la irrupción de Aliança Catalana debilitará la potencialidad integradora del catalanismo en la medida en que se pretende convertir la catalanidad en una herramienta de cohesión tribal para enfrentarse a otra parte de la ciudadanía catalana.
Más razones, pues, para responder con diligencia. Tal como actuó en el año 2008 el president Montilla al frente de un Govern formado entonces por el PSC, ERC e ICV. En efecto, el Govern tripartito fue el artífice de la firma de un Pacte Nacional de la Immigració, con lo cual la Generalitat fijó en el imaginario de la nueva ciudadanía que las instituciones nacionales de autogobierno estaban a su lado. A día de hoy usted gobierna en solitario, pero por voluntad de las mismas fuerzas políticas que entonces acompañaron a su compañero de partido en el liderazgo del Pacte. Deduzco, en consecuencia, que su actualización no puede resultarle ajena ni puede ser cuestionada, a fin de adecuarla a las nuevas realidades.
De hecho, derrotar la xenofobia lo hace tan inaplazable como imprescindible que se materialice como culminación de un proceso de participación popular en el que se escuchen las voces de una catalanidad igualitaria, abierta, fraternal y orgullosa de su diversidad.
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