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Opinión | Inteligencia artificial
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Mil imágenes, una palabra

Mientras aprendemos a desconfiar de las imágenes hechas con IA para engañarnos, habrá que reencontrar las voces orales y escritas que nos cuenten la realidad tal y como es, con el favor de la palabra clara

Una mujer escribe en una libreta.

Una mujer escribe en una libreta. / LP

Aunque hace varios años que funciona y se perfecciona a costa de robar contenidos, el 2025 ha sido el año en que la inteligencia artificial ha dado el salto al gran público. Estas fiestas, en las sobremesas, muchos lo admitíamos. La usamos para experimentar, decíamos, solo como un juego, para saber de qué va. Veremos si en 2026 seguirá la misma manía o nos quitaremos la venda de los ojos. Cada vez es más difícil saber si algunas imágenes, sobre todo en redes sociales, son reales o las ha generado la IA. Ahora mismo, por ejemplo, circulan unos vídeos en los que alguien hace un selfi con músicos, actores o celebridades históricas, como si viajar en el tiempo fuera tan sencillo. Aparte de una muestra de narcisismo, el juego es tan obvio que entendemos que se trata de una ficción curiosa, pero también hay quien utiliza la IA para crear imágenes de impacto, desastres y accidentes que buscan la atención morbosa. De entrada parecen verosímiles, pero el hiperrealismo nos alerta y pronto nos damos cuenta de que la noticia no ha salido en los medios tradicionales.

Otra cosa es su uso personal. Estos días todos hemos recibido felicitaciones de Navidad por correo electrónico, de empresas y con imagen corporativa, y era fácil deducir cuáles eran obra de un diseñador y cuáles eran fruto de la IA. Eran ‘christmas’ previsibles, poco imaginativos, que jugaban con los motivos típicos de estas fiestas: el árbol, las bolas, el acebo, el pesebre, la estrella. Todo lo contrario de la iluminación navideña de Barcelona, tan original, con frases tan arraigadas como «Més escudella», «Qui porta el cava» o «I demà canelons!».

De hecho, puede que la ley del péndulo nos haya llevado a ese punto de inflexión en el que una palabra ya vale más que mil imágenes, y el año 2026 será el del retorno del verbo, del diccionario. Mientras aprendemos a desconfiar de las imágenes hechas con IA para engañarnos —‘fake news’ visuales—, habrá que reencontrar las voces orales y escritas que nos cuenten la realidad tal y como es, sin filtros ideológicos, sin cinismo ni buscando el espectáculo, con el favor de la palabra clara. El buen periodismo, vamos.

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